El segundo trimestre de embarazo. Pensando nombres.

El segundo trimestre de embarazo. Pensando nombres.

El segundo trimestre de embarazo comenzó con alegrías. El mes de febrero iba bien, nos habíamos quitado los miedos y empezábamos a vivir el embarazo muy ilusionados, hasta que la última semana pillé un resfriado que no me dejó hasta un mes después. O eso o era la rinitis gestacionalde la que tanto he oído hablar. Me costaba dormir por la noche porque tenía que dormir casi sentada para poder respirar porque tenía mucha mucosidad y poco a poco fue derivando en un tos muy incómoda. Al mismo tiempo mis padres también cogieron una gripe de las gordas: mi madre de baja y con mucha fiebre y mi padre ingresado por la gripe, porque perdió el conocimiento y se golpeó en la cabeza y se deshidrataba y tenía el cuerpo descompuesto y no sabían a qué podía deberse. Como os imaginaréis, con ese cuadro clínico, no me permitieron ir al hospital para ayudar a mi madre porque al parecer podían pegarme el virus o lo que fuera, ni yo a ellos por si lo mío era también gripe.

Llegó marzo. Mi padre siguió al menos una semana encamado en el hospital y luego una más en casa, más un par de recuperación porque se había quedado muy flojo. Mi madre la pobre seguía con su gripe y sin poder descansar porque tenía que atender a mi padre. Yo en la distancia intentaba dar al menos soporte emocional, pero no tenía el mismo resultado que si hubiera podido ir a verlos. Tenía que resignarme, estaba embarazada y era por nuestro bien, pero pesaba. Menos mal que mi hermano (que también estaba malo) y mis tías les daban vueltas de vez en cuando.

Tuvieron que pasar algo más de tres semanas para que pudiese verlos. Seguían sin dejarme ir a casa, pero los convencí diciéndoles que sólo estaría un rato y que si querían que me pusieran una mascarilla. Al final me quedé a comer y pasé la tarde con ellos y creo que nos vino muy bien. Ellos estaban deseando ver mi evolución y yo quería saber si realmente estaban mejor. A partir de ese momento fuimos a mejor. A mí se me quitó el resfriado un mes después y el resto de la familia empezaba a coger fuerzas y mejorar.

Durante ese mes y en la distancia intentamos también disfrutar de mi nueva etapa. En el post anterior os dije que esperaba un niño. Estábamos muy contentos. No preferíamos que fuese niño o niña, sólo que viniera bien. Sin embargo, yo me había visto toda la vida con un niño, quizás porque me he criado desde pequeñita con mi hermano y mis vecinos y estoy acostumbrada a tratar con ellos, pero a la hora de pensar nombres sólo se me ocurrían de niña. Mi novio tampoco había pensado en nombres, así que empezaba la búsqueda.

El futuro papá decidió hacer una lista en un folio. En un lado su nombre y en el otro el mío. El fin era que cada vez que se nos ocurriera uno lo fuéramos escribiendo en nuestro lado y si, por el contrario, pasaban los días y ya no nos gustaban, pudiéramos tacharlos para no liarnos demasiado. Fue muy divertido. Durante unos diez días la lista fue aumentando, aunque más su parte que por la mía. Para que os hagáis una idea: en su listado había como veinte y en el mío no recuerdo si llegaba a ocho. Como no llegábamos a un acuerdo les pedimos a nuestros padres que también hicieran listas por su cuenta, por si salían opciones interesantes. 😝 Al final en su lista, en la de su madre y en la de mi madre apareció el nombre elegido y como no es un nombre común y es raro que a la gente se le ocurra, pensamos que lo mejor era quedarnos con ese. Además era perfecto: era corto, fácil de escribir y se pronunciaba igual en castellano, en inglés, etc. ¿Queréis saber cuál es, verdad? Jijijij Mi peque se llamará LIAM. 

Luego vinieron las búsquedas de significados del nombre, el que en un principio parecía raro y al final siempre había un Liam conocido y, por supuesto, la búsqueda entre los famosos: Liam Neson, Liam Gallager, Liam Hemsworth, Liam Payne, … Fue también curioso ver cómo, según pasaba el tiempo, a la gente le parecía cada vez menos raro e incluso gustaba, aunque a nosotros nos daba igual porque nos había convencido desde el principio.

Ilusionados y con un apelativo con el que llamar al bebé en nuestras conversaciones con él asistimos a una nueva ecografía. Era el 15 de marzo en el hospital privado. Ya se nos hacía largo estar un mes sin verlo, sobre todo a mí. Los hombres lo viven de otra manera, pero a nosotras como si nos ponen ecografías todos los días. No nos cansamos de verlo. Era la visita de la semana 16. Como hasta ahora todo seguía bien. El bebé seguía con una semana de adelanto: su edad gestacional era de 17 semanas+2 días y pesaba 184 gramos. Queríamos ver sobre todo cómo iba cambiando y si se parecía ya a una “personita” en miniatura. Estaba algo revoltoso, por lo que fue difícil verlo. Si os fijáis en las ecos 3D veréis que sale raro, pero no importaba. Estaba bien. Nos hizo gracia la tercera ecografía, en la que estaba como sentado en un cristal y en la que se apreciaba nuevamente el sexo masculino y nuevamente no había ninguna duda, era un niño.

Eco 3D semana 16. Mamá a los 40.

Liam semana 16 (2). Mamá a los 40.

Sexo masculino Liam. Mamá a los 40.

La ginecóloga además me recomendó ver a una endocrina y hacerme análisis para comprobar cómo tenía el tiroides y la reserva de hierro y llevárselos en la siguiente consulta.

Otro mes. Siempre digo que el embarazo (desde su búsqueda) es una prueba de paciencia, es una sucesión de continuas esperas y de exámenes que hay que ir superando. Hasta ahora las habíamos pasado todas. Aún nos quedan por pasar, pero una de las más importantes es la de la ecografia de la semana 20, prevista para el día 17 de abril. Lo que pasó te lo cuento en el siguiente post. 😉

(…) Este proceso me hace pensar en un granjero: planta la semilla, riega los campos y fertiliza la tierra. Y no parece que pase nada. Pero el granjero no se rinde. No sale corriendo al campo a cavar buscando verduras… El granjero tiene paciencia y confía en el proceso natural. Tiene fe y comprende que gracias a su esfuerzo diario cosechará. Y un día, casi de repente, ahí está.

El líder que no tenía cargo” (2010), Robin Sharma

Mi primer trimestre de embarazo.

Mi primer trimestre de embarazo.

Mi primer trimestre de embarazo fue como el de cualquier mami primeriza supongo, salvo por el hecho de que nunca más he vuelto a vomitar, ni me he sentido estreñida, ni tuve más hambre de lo normal. Lo que si me pasó es que estaba tremendamente cansada. Era tomar el almuerzo y necesitar dormir porque si no lo pasaba fatal. Por lo demás, lo que sí creo que me afectó un poco fueron aquellas palabras del ginecólogo de reproducción. Lo sé, os he dicho que no le hagáis caso a los miedos. Yo también intentaba no hacerle caso, pero esas palabras estaban ahí. Sobre todo, “por tu edad tienes riesgo alto de aborto”.

Por suerte, la siguiente ecografía estaba cerca. Sólo tenía que esperar una semana (del 3 al 10 de enero) para saber si mi bebé estaba bien. Reconozco que tras la última consulta me costaba incluso llamarlo bebé y mis amigas darán fe de ello. Por supuesto ya lo quería, pero no quería encariñarme demasiado por si pasaba lo peor. Así que para cualquier explicación del embarazo lo llamaba feto.

El día 10 de enero a las 11:10 pasé a la consulta de mi anterior ginecóloga en la clínica privada. Es una chica joven, muy cariñosa y que siempre responde a mis preguntas de manera sencilla, cosa que le agradezco. Me recibió como siempre con una sonrisa y me hizo más o menos las mismas preguntas que la matrona en la Seguridad Social. Una vez hechos los trámites de rigor, me tumbé en la camilla. Mi pareja estaba a mi lado. Él, aunque suele ser más negativo que yo, desde que empezamos el embarazo se ha mostrado bastante más seguro de que iba a salir bien. Sin embargo, desde que el día 3 nos dijeron lo de los riesgos también había bajado su nivel de optimismo.

Al pasar el ecógrafo por mi vientre allí estaba. Una “lentejita” pequeñita que latía muy rápido. Nada más verlo, sentí alivio y la doctora nos dijo que todo iba muy bien. La bolsa estaba muy pegadiza y el latido era como tenía que ser. Estaba de 7 semanas + 2 días -de ahora en adelante hablaré mucho en semanas 😉.- Literalmente en el informe puso: “saco gestacional intrauterino con embrión con actividad cardiaca positiva, acorde a 7+1sa. Ovarios normales, no líquido libre”. Siempre me ha parecido que los informes médicos son como telegramas, sólo añaden los datos necesarios y por su puesto que solo los profesionales entienden. ¿No os parecen? Lo importante: el embarazo seguía adelante y aparentemente no había riesgos.

Instrucciones siguientes: sacar cita en el mostrador para el diagnóstico prenatal (screening del primer trimestre) para la semana 12, con una especialista, y otra para el control de gestación en la semana 16. El la recepción me asignaron la primera para el día 14 de febrero, San Valentín, y la segunda para el 15 de marzo. Pero vamos poco a poco.

Aún quedaban 5 semanas para que volviera a ver al feto (con cariño) y tenía que ocupar mi mente en algo. Ya os dije al principio de esta aventura que aunque parada no me gusta estar quieta. Hacía tiempo que veía en Instagram un curso de Community Manager de la plataforma Mamis Digitales. Me había informado y siempre hablaban muy bien de él, pero tenía un requisito indispensable: ser madre. Como estaba embarazada y aún no tenía a mi bebé en casa, no sabía si podría hacerlo, pero aún así lo solicité. No tardaron en ponerse en contacto conmigo y en cuanto le dije a Itziar, que fue la mami que me atendió, que estaba embarazada aunque de solo 7 semanas me contestó que “una vez que estamos embarazadas ya somos madres”. ¡Qué bien! ¡Por fin iba a poder hacerlo! Tenía otro problema, el coste. A este Itziar me dio facilidades: podía pagar al contado o de forma fraccionada. Tenía algunos ahorros, pero prefería que ese gasto saliese de mi desempleo, para guardar algo para después del parto. Dicho y hecho. ¡Ya estaba dentro! El 12 de febrero empezaba la metodología y con ella otra ilusión más en esta etapa tan bonita que estaba viviendo.

Fueron pasando las semanas y afortunadamente mi único síntoma era el sueño. Tan solo una noche sentí un poco de asco por el atún que tenía una ensalada, pero por lo demás estaba muy bien. Me limitaba a asistir a clases de inglés y andar, ya que el entrenamiento lo dejé durante tres meses por el riesgo de aborto. Solo quería cuidarme para que todo siguiera su curso.

Me hice los análisis de sangre, el Test de O’Sullivan o prueba de la glucosa, que detecta la diabetes gestacional y que por mi edad me tengo que hacer al menos dos veces durante el embarazo, y el seguimiento de la hormona tiroidea.

Así, casi sin darme cuenta llegó la eco de la semana 12 por la Seguridad Social el 12 de febrero. Me acompañaba mi chico como siempre. El ginecólogo revisó los resultados de los análisis y fue anotando en el ordenador los datos. Nuevamente me pesaron -es lo que peor llevo del embarazo 😅- y me tomaron la tensión. Todo bien. Llegó el momento. A partir de esta semana el embrión pasa a considerarse feto y su crecimiento se acelera. Madura, por lo que ya no es tan sensible a agentes externos que puedan influir en su desarrollo. De ahí que a partir de este período muchas embarazadas se sientan más tranquilas. Esta ecografía es muy importante porque en ella, además de ver el latido de su corazón, se mide al feto (cabeza, abdomen y fémur) para establecer la edad gestacional y diagnosticar malformaciones y determinar el grosor del pliegue nucal, que ayuda a detectar alteraciones genéticas como el síndrome de Down o el Turner.

El médico empezó a medirlo todo y aparentemente estaba todo muy bien, el feto era una semana más grande de lo que le tocaba, pero eso era buena señal. Vale, pero entonces ¿ya podemos respirar? Se dirigió a su mesa y volvió a meter los datos en su ordenador y al terminar nos dijo que aunque parecía que el bebé estaba bien, la media de todos los resultados, los míos incluidos, determinaba que tenía riesgo medio de síndrome de Down. Para quedarse tranquilo nos derivó al Hospital Clínico de mi ciudad con un informe “muy urgente”. Al salir pedimos cita en ese hospital, pero no te la daban al momento. En unos días nos llamarían para asignárnosla. Como a los dos días tenía la cita por lo privado no le di mucha importancia y preferí esperar.

El 14 de febrero fuimos a la eco y, como en la Seguridad Social, nos dijeron que el feto estaba bien y parecía ser un niño, pero igualmente tenía riesgo medio de síndrome de Down. La especialista fue muy amable y nos explicó todo, que no quería decir que lo tuviera, pero que había que hacer pruebas complementarias para estar seguros. En este caso te recomiendan la amniocentesis o la biopsia corial, sin embargo la ginecóloga nos habló del test prenatal no invasivo, del que os hablé en el post anterior y que en este hospital se llama Neobona. Nos dijo que podíamos esperar a tener la autorización del seguro, aunque normalmente no lo cubría, o si teníamos el dinero lo podíamos hacer ese mismo día y los resultados estarían en unos diez días hábiles. ¿Qué haríais vosotros? Por suerte yo disponía del dinero. Mi padre siempre me dijo que si llegaba este momento él me lo pagaría y así lo hizo. Queríamos saber cuanto antes si el bebé estaba bien o no. A la hora ya me habían extraído la muestra -es tan sencillo como cualquier análisis de sangre- y teníamos cita para recoger los resultados el día 27 de febrero.

Fin del primer trimestre.

Eco semana 12. ¡Un niño! Mamá a los 40.

Eco 3D semana 12.

Ecografía 3D de la semana 12. Mamá a los 40.

No hizo falta esperar tanto, a los 6 días recibí una llamada del hospital en la que me decían que en el test se habían descartado  anomalías en las tres trisonomías que se miden (Down, Eduards y Patau) y que se confirmaba el sexo del bebé: ¡¡¡UN NIÑO!!! 👪 No os puedo explicar lo que sentí, solo que había cogido un papel para apuntar por si me decían que tenía que ir a hacerme otra prueba y sólo pude anotar en él las palabras “normal” y “niño”. Me volví a emocionar. ¡Mi pequeño estaba bien! Podíamos descansar y además podíamos ponerle nombre y dejar de llamarlo en genérico.

Neobona. Mamá alos 40.

Resultado del test prenatal no invasivo. Neobona. Mamá a los 40.

Como os imaginaréis llamé a mi novio, a mi madre y a mis niñas. Jajaja y no recuerdo si a alguien más. Me sentía tan bien. Fue a partir de entonces cuando verdaderamente empecé a disfrutar mi estado. Ya terminaba mi primer trimestre de embarazo y no podía haber sido mejor.

¡Ah! Me enviaron un telegrama por Correos para asignarme la cita del Clínico, a la que nunca pude asistir porque no abrí mi buzón hasta una semana después, pero como con el test prenatal no había dudas no me hizo falta. 😉

Lo que pasó las siguientes semanas te lo cuento en el siguiente post. ¿Te apuntas?

Recuerda: todo puede mejorar. 

 

 

 

Miedos de una embarazada primeriza.

Miedos de una embarazada primeriza.

 Embarazada primeriza. Mamá a los 40

Soy embarazada primeriza con 39 años. Esto ya os lo adelanté en mi presentación, pero lo que no os dije es que he tenido que enfrentarme a algunos miedos. A lo mejor es lo que le suele ocurrir a todas, pero en mi caso y después de la búsqueda de bebé durante casi dos años, creo que esos temores se multiplicaron. Vamos paso a paso.

Embarazada de casi 6 semanas y tras mi primera ecografía por la Seguridad Social, me tocaba la cita con la matrona un par de días después. Al llegar me encontré una chica joven, muy simpática que me hizo una serie de preguntas de rigor y anotó los datos (fecha de última regla, peso, tensión arterial, etc.) en mi libreta de embarazo – ¡qué ilusión más tonta me hizo tener mi libretita! 😍- Me dio recomendaciones alimentarias y un planning en el que se detallaba cada cuanto tiempo tenía las citas con ella, con la médica de cabecera y con el ginecólogo, para el seguimiento durante los nueve meses.

Embarazada primeriza. Seguimiento de mi primer embarazo.

Plan de seguimiento de embarazo. Mamá a los 40

Entre las citas que me dijo que sacara estaba la del análisis de sangre del primer trimestre. En ese momento me acordé de que para asistir a reproducción me habían mandado realizarme unos análisis y se lo dije. Rápidamente ella miró en el ordenador y los imprimió. Parecía que todo estaba bien, pero al pasar a la segunda hoja vio que las hormonas tiroideas estaban algo descompensadas. Su cara cambió a preocupación y en un primer momento me asusté. Salió un momento de la consulta y volvió. Cuando regresó me dijo que fuera pidiendo las citas en el mostrador mientras ella hablaba con algún médico para que me mirara mejor los resultados y me recetara algún medicamento para regular esas hormonas.

Eso hice, me fui a recepción y pedí todas las citas: análisis de sangre, análisis de orina, médica de cabecera y ginecólogo. ¡Qué lío de papeles! 🙆🏼 Entre que el chico que me atendió estaba de prácticas (era su primer día), una señora estaba protestando y pidiendo hoja de reclamaciones y yo era novata novata, lo más normal es que hubiera errores. Los hubo, pero tuve que irlos subsanando según fue pasando el tiempo y se acercaban las consultas.

Al ratito se acercó a mi la matrona y me dijo que una doctora me iba a ver pero que tenía que esperar a que me llamase. Así que esperé en la puerta. Casualmente la que había ese día era precisamente mi médica de cabecera. Aunque no me reconoció fue muy amable. Me dijo que no me preocupara, que tomara Eutirox 25, una pastilla en ayunas hasta que me repitieran los análisis a finales de enero.

Cuando llegué a casa escribí un email al ginecólogo de reproducción, al que tenía que ver el día 3 de enero, para preguntarle si la toma de Eutirox podía ser contraproducente en el embarazo. No es que no me fiase de la doctora, es que había desarrollado una relación de confianza con el ginecólogo y necesitaba su opinión. ¡Primeriza! Lo sé. ¿Qué le voy a hacer? ¿Me volveré tan paranoica y pesada como el resto de madres primerizas? En fin, es de esas cosas que no puedes decir que no harías nunca, porque al final lo haces.

El ginecólogo me respondió pronto y también me tranquilizó. No pasa nada por tomar ese medicamento. Lo malo sería no tomarlo, ya que la hormona tiroidea está relacionada con el desarrollo del sistema nervioso central del feto. Este no fabrica su propia hormona tiroidea hasta la semana 10, por lo que es muy importante detectarlo a tiempo (yo estaba en la semana 7), ya que hasta ese momento depende de la de la madre. No me hizo falta más. Si el desarrollo del bebé dependía del Eutirox me lo tomaría sí o sí. Y así lo sigo haciendo.

Primer miedo: ¿se desarrollará bien mi bebé? ¿Habré llegado a tiempo?

Llegó el 3 de enero y con él mi segunda ecografía, pero esta vez con el equipo de reproducción, ese que tanto me había ayudado y que había sufrido el proceso a la vez que yo. El ginecólogo me recibió como siempre, con su cierta distancia de especialista y una vez me hizo las preguntas de normales (“¿cómo te encuentras?”, “¿algún problema?”, etc.) nos pasó a la camilla a mi chico y a mí. Me realizó una ecografía transvaginal y confirmó que el saco gestacional estaba bien, era de tamaño adecuado a las semanas de embarazo (6+1) y que el embrión medía 4 milímetros y sus movimientos cardíacos eran también normales. Nuevamente respiré.

Cuando volví a la mesa donde se sentaba el ginecólogo le pregunté cómo contabilizaban ellos mi última regla y me dijo que consideraban el día 21 de noviembre como inicio de mi última menstruación. Si era así, mi fecha probable de parto es el 30 de agosto de 2018. 🍼

Me recomendó seguir con el tratamiento que tenía: Progeffik 200 mg cada ocho horas vía vaginal hasta el día 31 de enero y la toma de Natalben Supra una vez al día. Este último es un complemento vitamínico que contiene entre otras cosas ácido fólico, yodo, hierro y otras relevantes para el embarazo. Una vez acabadas las recomendaciones vinieron las advertencias: “ya sabes que con tu edad y tu historial tienes muchas posibilidades de tener un aborto, además de que el bebé puede venir con síndrome de Down o tener autismo.” “Puedes hacer vida normal, pero esos son tus riesgos.” ¡Sí, así es mi ginecólogo! Si te tiene que decir las cosas te las dice, para que tengas los pies en la tierra. Con sinceridad, en ese momento pasé de estar en mi nube de ilusión a un pozo del que tenía que encontrar un hueco por donde salir. Tres, dos, uno, … Reaccioné. Creo que no pasaron más de dos segundos cuando de mi boca salió: “sí, lo sé”. Y al momento pregunté: “¿me puede informar sobre un test prenatal no invasivo?. Había visto en internet que es una prueba que complementa al cribado prenatal del primer trimestre y detecta posibles alteraciones cromosómicas en el feto. Vio que me había informado y me dijo que efectivamente conllevaba menos riesgos que la amniocentesis o la biopsia corial y que era muy fiable. A eso añadió que dado mi caso y si yo fuera su hija me recomendaría que me lo hiciera sí o sí.

A todo eso añadió: “porque eres muy cabezona y hemos hecho contigo cosas que seguramente en otros sitios no harían… Y aún así hemos tenido mucha suerte.” 😱 En mi mente: “con lo que aprecio a este hombre, y él a mí, y que no tenga palabras de ánimo para mí”. “Porque eres muy cabezona”, jajaja. ¿Os lo he dicho ya? Soy muyyy testaruda y creo que las poquitas cosas que he conseguido en esta vida han sido gracias a eso. Es cierto que en otras ocasiones ha sido mi cruz, pero son más las veces en las que me ha ayudado y, a la vista está, esta era una de ellas.

Aclarado todo nos levantamos y nos despedimos. Ya no nos veríamos más. Ahí se terminaba mi contacto con el equipo de reproducción asistida. Con su tono habitual me dio la mano y un tímido felicidades (cargado de mucha advertencia, por supuesto).  A sus palabras respondí con mi cara de felicidad y una frase en la que confiaba plenamente: “ya vendremos por aquí cuando todo salga bien a presentarle al bebé.” 😝 La Angy cabezona volvía a la carga y el ginecólogo no pudo evitar sonreír y pronunciar un “¡mucha suerte!” A pesar de este episodio, les estoy muy agradecida por todo el esfuerzo y por lo bien que me han tratado en los tres tratamientos.

A partir de ese momento debía volver a pedir cita con la ginecóloga que llevaba mi expediente antes de asistir a reproducción. En el mostrador del hospital me asignaron una para el 10 de enero a las 11:10, pero esto os lo cuento en el siguiente post. 😘

Aprendizaje: pase lo que pase, disfruta el momento y deja los miedos a un lado. No los olvides, porque te harán valorar cada cosa buena, pero no focalices en ellos porque cuando todo pase te darás cuenta de que te has perdido lo importante por estar pendiente de ellos.

 

 

 

 

¡Por fin embarazada!

¡Por fin embarazada!

Por fin embarazada. Mamá a los 40.

Sí, el lunes 18 de diciembre fue especial. Después de dos años de intentos, de tomar varios medicamentos (para regular la ovulación, para recuperar los niveles de vitamina D de mi organismos, etc.), de muchas pruebas y de tres fecundaciones in vitro, por fin embarazada. Era difícil de creer. Hacía casi un mes que me había sentido destrozada por la posibilidad de no poder tener un bebé con mis óvulos y de repente todo cambió.

La secretaria de reproducción me llamó al ratito de que me dieran la noticia para darme cita para el día 3 de enero a las 11:30 para mi primera ecografía. Después de tantas ecos para ver mi útero, mis ovarios y mis óvulos iba a tener mi primera ecografía para comprobar cuántos embriones habían “agarrado”.

Desde muy pequeñita -debía estar en primero de E.G.B, creo- mi número de la suerte fue el tres. Seguro que mi madre se acuerda como yo. La primera vez que en el colegio me hicieron elegir un número para ganar un premio -un lápiz muy curioso que se quedaba de pie por la punta y nunca se caía-, yo dije el tres. Tres han sido los ciclos de FIV y tres han sido los embriones que me implantaron en mi último tratamiento. ¿Casualidad? Seguramente sí.

Si os habéis fijado en la foto de los tres embriones del tercer ciclo y os ha dado por compararlos con los del primero, habréis apreciado la diferencia en la calidad. En los últimos la división es mucho más nítida y parecen más “florecitas”. No puedo decir qué pudo haber influido en eso. Pudo ser el poder descansar, el no tener estrés, el haber hecho cambios en la alimentación (dejé el gluten y empecé a comer alimentos más sanos y mejor combinados), etc. Nunca lo sabré. Quizás fueron nuestras ganas de ser padres o quizás las veces anteriores no tenían que ser porque tenía que aprender otras cosas por el camino. Fuese lo que fuese ya no importaba. Se me olvidó el camino de golpe. Al escuchar “sí, es positivo” todo acabó y todo empezó.

Os dije que la noticia me la dieron aproximadamente a las 16:00. Durante esa tarde no pude hacer nada. Es como si mi vida se hubiera paralizado y mi cuerpo también. Lo único que funcionaba era mi mente. Volaba pensando en cómo sería el embarazo, cómo cambiaría mi cuerpo, cómo sería el parto y, sobre todo, cómo sería ser mamá. ¡Qué bien me sentía! Estaba emocionada y al mismo tiempo asustada. Pasaron las horas y yo ya me veía barriguita. Jajaja ¡Qué fe! Lo que me pasaba es que estaba algo hinchada de las hormonas y la retención de líquidos, pero ya está.

Esa noche sobre las 00:00 me empecé a sentir mal, pero muy mal. Al principio pensé que me habría sentado mal algo. Notaba presión en la garganta. Al poco tiempo estaba peor y de repente me tuve que levantar a vomitar. ¡Madre mía! ¿Ya? No podía ser que me acababa de enterar de que estaba embarazada y ya tuviera síntomas. Casi que me gustaba la sensación. Te puede parecer masoquista, pero si estar embarazada significaba eso bienvenido era. No me importaba. No me importaba, pero me tuve que levantar varias veces en la noche al servicio y lo pasé bastante mal.

Al día siguiente me encontraba mejor aunque de la noche que había pasado fui incapaz de levantarme de la cama. Estaba agotada y por suerte no volví a tener náuseas. Como era mi primer embarazo no sabía si era lo normal o no, pero preferí no forzar la máquina por si acaso.

El miércoles 20, recuperada y con más energía me levanté y comencé a arreglarme para ir a mis clases de Inglés. A la media hora del desayuno sentí la necesidad de hacer de vientre, así que me levanté para ir al servicio. Nada, lo intenté y fue imposible. No recordaba desde cuando no evacuaba las heces, pero debía ser hacía mucho porque lo pasé fatal. No os lo quiero contar con detalles, porque fue muy desagradable y doloroso, pero ante la incapacidad de hacerlo de forma natural tuve que contactar con el hospital para que me dijeran qué podía hacer. Lo primero que me dijeron fue que aguantase. Ya se sabe que las embarazadas no pueden tomar medicamentos o que es mejor que no los tomen por si afectan al desarrollo normal del feto. Yo era una novata, pero sabía que tenía que aguantar. Lo intenté y casi me desmayo en el intento. Volví a contactar casi llorando pidiendo por favor un remedio, aunque fuera casero. Después de mucho rogar me dijeron que me pusiera un Micralax, pero que sólo lo intentara una vez. ¡Ay! El capítulo del Micralax fue bastante divertido y los que me conocen saben cómo ocurrió al completo y lo surrealista que fue. A vosotros no os lo contaré y lo agradeceréis. Dos horas después de entrar al baño por fin hice. Nuevamente tanto esfuerzo me dejó agotada.

Sólo habían pasado dos días desde que sabía que estaba embarazada y ya había vomitado y había sentido el estreñimiento. Yo misma me reía y me decía: “¿No querías embarazo? Pues lo vas a sentir pero bien.” Aún así me sentía feliz, emocionada y expectante.

El jueves 21 me desperté pensando ¿qué me pasará hoy? Pero ese día no pasó nada de nada. Y al siguiente tampoco. Pensaba: “Bueno será así. Quizás lo de los vómitos no es todos los días”. Así poco a poco me fui haciendo a la idea de que estaba en cinta -siempre me ha hecho gracia esta expresión.-

Empezaron a surgir las primeras preguntas. ¿Qué hay que hacer cuando te enteras que estas embarazada? ¿Tienes que comunicarlo a tu médico de cabecera para el seguimiento? ¿Tienes que esperar por si el embarazo no continúa? Tengo amigas que ya han sido madres, así que acudí a ellas para saber. Sobre todo interrogué a mi amiga Mary. Tiene dos niños pequeñitos y ella lo tenía bastante reciente. Me aconsejó que pidiera cita con mi médica de familia para avisarla. Así lo hice. ¿Os conté en algún post anterior que había empezado los trámites para empezar tratamientos de reproducción por la Seguridad Social y que me habían mandado análisis de sangre nuevamente para estudiar mi caso? Pues sí, el 13 de diciembre me hice la prueba y tenía que ver al ginecólogo el día 27 de diciembre en el CARE para que me asesorara.

Tras unos días embarazada y con la incertidumbre de no saber qué es lo normal y qué no. Decidí no anular esa cita para reproducción del 27 y acudir. De todas formas estaba embarazada y el médico era un ginecólogo. Como poco podría orientarme sobre qué pasos seguir. Ese día a las 18:15 me presenté en la consulta. Le expliqué mi caso al especialista y le dije que ya no necesitaba el tratamiento porque lo había conseguido de forma privada tras tres intentos. Fue muy amable, me dijo que pasara a la camilla y allí me hizo una ecografía para ver qué tal iba y sobre todo para saber cuántos embriones habían conseguido implantarse. No me lo esperaba. Creía que me orientaría y ya está. De hecho ese día no me acompañaba mi novio. Me sentí nuevamente nerviosa. ¿Cuántos serían? ¿Estarían bien?  Costaba verlo, pero allí estaba. Sólo había una bolsa y dentro de ella un pequeño puntito blanco que latía. Me pareció emocionante. Sólo era un punto, pero era mi puntito.

5 semanas de embarazo

Mi embrión en la semana 5 de embarazo. Mamá a los 40.

El embrión (yo creo que fue el de calidad A) estaba muy bien agarrado a mi endometrio y todo iba como debía. Sentí alivio. Estaba de 5 semanas + 3 días según mi última regla, pero al haberme sometido a FIV no sabía muy bien cómo se contabilizaba. Era algo que le tenía que preguntar a mi ginecólogo de reproducción.

Tras vestirme y recibir las instrucciones del ginecólogo de la Seguridad Social salí corriendo de allí. Estaba deseando contárselo a mi chico, a mis padres y a mis estrellitas, además de enviarles una foto de la eco en la que difícilmente podrían apreciar nada pero era mi primera ecografía y tenía que compartirla.

Supongo que muchos de vosotros habéis pasado por cosas parecidas y a otros os parecerá que soy muy ingenua, pero así es cómo empecé el embarazo y esas fueron mis primeras sensaciones.

En el siguiente post te cuento cómo fue mi eco del día 3 de enero y mi primera cita con la matrona. ¡No te lo pierdas!

 

Tercer ciclo FIV. ¿Fecundarán?

Tercer ciclo FIV. ¿Fecundarán?

Pasaron dos días después de la punción, me administré Progeffik cada ocho horas y tomé ácido fólico (como las veces anteriores) y aún no me habían llamado para contarnos cómo maduraban los embriones. Mi paciencia se reducía cada día. Los tiempos de espera desde hacía casi dos años cada vez me pesaban. Ya estábamos en la segunda mitad del tercer ciclo de fecundación in vitro y con él una nueva espera. ¿Habrá transferencia? Eso era lo que más deseaba en ese momento.

Si recordáis en mi primera transferencia habíamos dudado si implantar uno o dos embriones por el miedo a un embarazo múltiple. En el segundo ciclo ni siquiera tuvimos que planteárnoslo ya que la calidad de los embriones era mala. De ahí que en este intento no tuviésemos muchas esperanzas de que la cosa fuera mejor. Digamos que nos dejábamos fluir. Nada de expectativas. No queríamos sufrir. Sin embargo, es inevitable generar alguna ilusión, aunque tu mente te diga lo contrario.

Al fin en la tarde del segundo día tras la punción sonó el teléfono. El comienzo del diálogo entre la embrióloga y yo como siempre: “¿Ángela?”, “Sí, soy yo”, “Esta vez tengo mejores noticias.” El primer pensamiento fue de incredulidad. ¿Habré escuchado bien? ¿Mejores noticias? No quise interrumpir. Quería que me contase más. “Los tres óvulos que extrajimos han fecundado y uno de ellos de momento evoluciona muy bien y los otros dos parece que tienen calidad C/D. De todas formas como la transferencia está programada para el día 7 de diciembre, los seguiremos observando.” ¡Ay! No sabía qué decir. Sólo puede decir: “muchas gracias.”

Llegó el día 7. La transferencia estaba pactada para las 11:00 h. Antes de nada tuvimos la reunión en el despacho de la embrióloga para enseñarnos los embriones, saber su calidad en el tercer día y decidir cuántos transferirían. Ella nos habló muy claro. Nos dijo que tal y cómo habían salido los tratamientos anteriores y siendo nuestro tercer intento ella pondría tres. A diferencia de la primera vez, en esta sólo preguntamos si no era mejor reservar alguno por si acaso y ello volvió a contestar que en nuestra situación transferiría tres. La ley 14/2006 de Técnicas de Reproducción Humana Asistida establece la transferencia de tres embriones como el número máximo para evitar embarazos múltiples. Además la Sociedad Española de Fertilidad recomienda que a las mujeres de edad superior a los 37 años se les transfieran dos embriones, pero si la calidad no es buena incluso pueden plantearse casos de tres.

¿Tres? Pues tres. Ahora me río, pero en ese momento me debatía entre la ilusión de poder tener tres oportunidades y el miedo a que implantaran y fueran trillizos. Mellizos hasta me hubiera gustado, pero tres… Seguro que si hubieran implantado los tres hubiéramos seguido adelante, pero así de primeras la idea imponía.

Tras cambiarme y que el celador me recogiera entré en la sala habilitada para la transferencia. El ginecólogo y su ayudante me recibieron con una sonrisa. Estaba contento, se le notaba. Me dijo que él pensaba que a parte del de calidad A, había otro que parecía de calidad B, pero que él no era el embriólogo. En ese momento nos reímos los dos de forma cómplice.

Empezó la transferencia. El proceso normalmente es bastante rápido pero a mí se me hizo un mundo. La embriología acercó la cánula y se lo dio al ginecólogo y él lo introdujo en la vagina para acceder a mi útero. Algo impedía el acceso. Lo intentó una segunda vez y no se podía. Yo pensé “¡no puede ser! ¡Esta vez no!” El médico le devolvió la cánula a la embrióloga que se los llevó para ver en el microscopio si los embriones seguían en él. El ginecólogo mientras introdujo el ecógrafo vaginal para ver qué pasaba. Cuando miró en la pantalla el camino y estuvo seguro avisó a la embrióloga para que volviera a acercar la cánula. Yo esperaba que mientras hacía todo me dijera algo para tranquilizarme, algo como “es normal”, “a veces pasa.” No, en ese momento no se dirigió a mi y yo ni abrí la boca. Su ayudante sí que me miraba de forma cómplice para intentar transmitirme serenidad. Seguro que pasó poco tiempo, pero para mí fue como media hora. Finalmente, pudo hacer la transferencia y depositar los tres embriones en el endometrio.

Transferencia tercer ciclo FIV.

Transferencia hecha. Embriones dentro del endometrio. Mamá a los 40.

No sé si eran los nervios o qué pero esta vez no acertaba a ver los puntitos blancos en la pantalla para confirmar que estaban dentro. El médico me los señaló, pero no los veía, y acto seguido me dio el sobre con las instrucciones a seguir a partir de ese día y se despidió. Me quedé con su ayudante y en el momento que lo vi alejarse me dio por llorar. No sé si fue fruto del estrés del momento, de la cantidad de hormonas que llevaba en mi cuerpo desde que empecé a tratarme a finales de septiembre, o de la emoción de saber que al menos uno de los embriones era de calidad A y eso era muy buena señal. La ayudante – no la mencionado antes, pero desde que la conocí le puse el nombre de “Dulce” porque era encantadora, de esas personas que son buenas porque sí – me abrazó y estuvo consolándome y dándome ánimos. Me llegó a decir que todos en el equipo estaban deseando que por fin me saliera bien porque me apreciaban mucho y sabían las ganas que tenía de ser madre.😭 Lloré más. – Esto creo que no se lo he contado ni a mi pareja ni a mis padres y si leen este post se enterarán por primera vez como vosotros.

Cuando por fin salí, me cambié y me encontré con mi novio en la sala de espera. Estaba contenta. Ya los tenía dentro. Aún así no quería hacer mucho esfuerzo por si acaso. Sé que no pasa nada, pero lo primero que piensas es “se van a salir”. Jaja, seguramente los especialistas estarán hartos de escuchar cosas como esta.

Comenzaba la betaespera. ¡Once días hasta saber si estaba embarazada o no! Sólo once, pero se te hacen como un mes. Paciencia. Reposo relativo los cuatro primeros días, Progeffik y ácido folio y dejar que la naturaleza siga su curso. ¡Ya está! La suerte estaba echada. Suerte, combinación adecuada de hechos científicos, daba igual, el caso es que era el último intento. Tenía que salir bien, si no tendría que sopesar otras opciones que quizás estarían fuera de mi alcance o de mi forma de entender la maternidad.

El día 18 de diciembre era el día en el que me tenía que hacer el test de embarazo (el casero que te dan en el hospital y el de sangre). Ya la fecha me gustó. Ese día era el 40º aniversario de boda de mis padres. ¡Qué bonito sería poderles regalar un nieto!

En esta ocasión tenía al límite la paciencia por lo que compré en Babyplan unos tests de embarazo precoz de alta sensibilidad, que resultan fiables desde cinco días antes del día que esperas la regla. No me lo hice cinco días antes pero dos días antes sí. Salía una rayita muy marcada y otra casi imperceptible. ¡Negativo! Eso es negativo. Y mi mente cambiaba y me decía: “espera, es pronto.” Como no me quedaba muy claro que fuese fiable me acerqué a una farmacia y compré un Clearblue de esos que te dicen de cuántas semanas estás.

El 17 repetí la operación y a primera hora me hice el test. El resultado era el mismo. ¡Ay! ¿Qué será eso? Con la incertidumbre me fui a comer con mis padres para celebrar su aniversario. Era al día siguiente, pero como caía en lunes decidimos adelantarlo. Durante la comida era inevitable que saliera el tema: “¿te imaginas?” – me decían mis padres. Claro que me imaginaba pero no quería hacerme ilusiones. Por la tarde teníamos reunión familiar en casa de mis tíos Juan y Juani. Como os he contado somos muy de reuniones. Ese día teníamos pendiente hacer el amigo invisible para los regalos de Navidad. Toda mi familia sabía ya que me estaba sometiendo a tratamiento de fecundación y que ya me habían hecho la transferencia. Que todo el mundo lo sepa implica un riesgo y es que si sale mal tendrás que dar muchas explicaciones, pero en mi caso fue un gran apoyo el poder contar en cada momento cómo me sentía y que ellos lo entendieran.

Al día siguiente, 18 por la mañana temprano, creo que eran las 7:00, me preparé para hacerme mis tres tests (el que me dio el ginecólogo, el de alta sensibilidad y el Clearblue 😂 . Un poco exagerado lo sé, pero quería saber. El primero fue el de la clínica de reproducción. Ese era algo complicado porque tenías que echar tres gotitas en un circulito que aparece en la varilla. Creo que me pasé o no llegué porque dio negativo. El segundo fue el de alta sensibilidad. Como los días anteriores una raya era rosa y la segunda era de un rosita muy claro. Para terminar y casi con las esperanzas por el suelo me hice el Clearblue. Esperar… De repente en la pantalla: “Embarazada 2-3 semanas.” Justo en ese momento mi chico se levantó y me preguntó que qué tal. ¡Ay! No sabía qué decirle. Solo le dije mire y dime qué significa todo esto. Vaya lío: uno no, otro ni fu ni fa y otro que sí. Estaba claro tenía que ir al hospital en cuanto me duchara para quitarnos la duda.

¿Positivo o negativo?

Tres tests de embarazo tras la betaespera del tercer ciclo FIV. Mamá a los 40.

Por el camino no pude evitar pensar en la posibilidad de que realmente fuera “sí”, pero al mismo tiempo me intentaba calmar para no llevarme un chasco si finalmente era que no. A las 8:30 estaba ya en la clínica para hacerme el análisis. ¡Hecho! Una cosa menos. Ahora a esperar la llamada. Como os conté en el primer intento a media mañana me avisarían del resultado. Dieron las 12:00 y mi madre empezó a escribir: “¿sabes algo?” “No mamá, pero por favor tranquilízate porque yo ya estoy bastante nerviosa.” La pobre, se preocupaba por mi. Porque la conozco no le quise contar lo de las tres pruebas caseras de embarazo, porque su mente echa a volar y se ilusiona.

A las cuatro de la tarde más o menos, viendo que no me llamaban y que me empezaban a escribir familiares y amigos para saber, decidí escribir un email al ginecólogo. En seguida me llamó por teléfono y me dijo que no tenía constancia de que me hubiera hecho la prueba, que allí sólo tenía el resultado de una paciente que no tenía mi nombre y que su prueba era negativa. Me dijo: “hazte a la idea de que es negativa, pero voy a investigar.” ¡Ya está! 😱 ¡Es que no! En ese momento en algún grupo de Whatsapp escribí: “parece que no estoy embarazada.” Pero en ese instante me volvió a llamar el médico y nunca se me olvidarán estas palabras: “¡Qué no! ¡Qué es positivo! Al parecer tus resultados los han metido en el expediente de otra paciente, pero que sí, que estás embarazada y los valores no arrojan ninguna duda.” Lloré. Lo reconozco, lloré. Lo segundo fue empezar a tranquilizar a todos: mi novio (que luego me confesó que también lloró cuando se enteró), mis padres, mi familia, mis amigas (mis estrellitas que siempre han estado ahí desde el principio, antes incluso de empezar a intentarlo) y luego a mí misma, en mi cabeza. ¡Felicidad! No tenía miedos. Ese día no. Ese día era para disfrutarlo y así lo hice.

Sé que muchos esperabais este resultado desde que empezasteis a leerme. Otros tenías dudas. Y otros no podíais esperar para saberlo y me habéis escrito para pedirme por favor que os lo dijera con la promesa de no hacer spoiler 😆. A todos, ¡muchas gracias! Aún me queda mucho que contaros porque ahora empieza la otra espera, más bonita pero que requiere también paciencia, y sin vuestras palabras quizás no hubiera seguido. Así que espero que sigáis leyendo en la siguiente página del blog: Embarazo. ¡Ah! Y perdonad si este post ha sido más largo, pero quería contarlo bien, tal cual lo sentí. 😅

A ti que me lees: “Inténtalo. No te rindas. Paciencia y, si no sale, estate tranquilo. Las cosas pasan por algo y siempre hay una parte positiva, una enseñanza o un nuevo camino que seguir.”