¡Volvemos a la carga! Un mes después del parto, tarde lo sé, pero necesitaba tiempo de adaptación y para “disfrutar” de todo. Pero no me adelanto. Empecemos por el principio o el final según se mire… 😅

Las últimas semanas de embarazo, como os conté, las pasé bastante pesada y dedicando las tardes a dar paseos por la playa o el paseo marítimo con mis padres. Y así fue pasando agosto, hasta que llegó el sábado 18. Tras uno de esos paseos con mis familia llegué a casa algo cansada. Me acosté porque no me encontraba muy bien y a la 1:30 h llegó Marc. En ese momento, llevaba una media hora con contracciones, aunque no eran muy fuertes porque aún podía hablar (algo que nos dejó muy claro la matrona para distinguirlas de las contracciones de parto.) Al decírselo se empezó a preocupar, pero yo le tranquilicé y le dije que durmiera y que si iban a más le avisaría. La noche fue larga. Una vez más, como a lo largo de todo el embarazo, fue difícil conciliar el sueño.

A la mañana siguiente mi chico se iba a trabajar y quedamos en que si me ponía de parto le llamaría. Por si acaso, avisé a mi madre para que se viniera a casa. Poco a poco las contracciones fueron creciendo en intensidad. A media mañana decidí ir al hospital. Podía hablar, pero me dolían bastante y me paralizaba. En calidad de embarazada primeriza me fui al hospital. Para mí pensé, me voy y si no que me envíen de vuelta a casa.

Sobre las 12:00 h mi madre me llevó al hospital y tras pasar por admisionesy triaje me subieron a monitores, tras pasar previamente por la consulta de la ginecóloga, donde estuve una hora. El siguiente paso fue ver al ginecólogo que tras analizar los resultados y hacerme una exploración decidió enviarme de vuelta a casa, prescribirme monitores para el martes siguiente, no sin antes advertirme de que posiblemente volvería antes. Menuda decepción. ¿Hasta el martes con contracciones? No había nada que hacer. Fue salir por la puerta de la consulta y venirme una contracción que me dobló de inmediato como una alcayata. De hecho una bedel tuvo que llevarme al coche en silla de ruedas porque yo era incapaz de caminar.

Como vinimos, nos fuimos. A la 13:30 h llegamos a casa. Me tumbé en el sofá de lado, posición que me habían recomendado para favorecer la dilatación. Aguanté lo que pude pero me retorcía, así que a las 15:30 h volvimos a coger el coche para regresar al hospital. Entre al hospital llorando del dolor y se me vino el mundo encima cuando vi la cantidad de gente que había esperando simplemente para ser atendidos después de pasar por admisiones. Poneros en situación: domingo de agosto, mediodía, urgencias en hospital público, … Como podéis imaginar aquello estaba lleno. Qué cara tendría que en cuanto me vieron me pasaron por triaje y de ahí rápidamente a la planta de maternidad. Al llegar, varias personas del equipo médico querían que pasara por monitores nuevamente, pero la ginecóloga que me atendió en un principio me reconoció y dijo que no, que ya había estado allí y les pidió que me pasaran a paritorio. ¡Menos mal! No creo que hubiese aguantado volver a casa en el coche.

Así comenzó la odisea. Me pasaron a la sala número 3 -os dije alguna vez que este era mi número de la suerte ¿no?- Mi madre que me acompañó durante las primeras horas avisó a mi novio, quien en poco tiempo pidió permiso en el trabajo y vino al hospital.