Mi cuarentena

Mi cuarentena

En casa empezaba lo bueno, la tan temida cuarentena. ¿Qué es? Os lo conté en un post hace tiempo aunque de forma muy teórica. Escuchas las experiencias de mamás antiguas y con hijos y mamás primerizas, como yo, y más o menos te vas imaginando. Pero no, cuando te toca nada tiene que ver con lo escuchado o al menos se le parece poco.

Primeros días de Liam en casa

Llegamos a casa y prometía ir bien. Las primeras horas fueron idílicas: Liam había dormido todo el camino desde el hospital y al colocarlo en el capazo de su carro siguió durmiendo bastante tiempo.

Los dos primeros días fueron casi calcados. Liam estaba súper tranquilo y le encantaba su nido. – Aquí hago un inciso porque el nido aún lo seguimos usando y le encanta. De los mejores regalos. Marca: El nido de mi bebé.- Fuimos recibiendo visitas todos los días. A veces venían amigos y familiares mañana y tarde, pero no se me hizo nada incómodo. Todo el que venía tenía a Liam un rato en brazos y era un muñeco.

Mis primeros días

Yo seguía con los puntos de la cesárea y estaba pendiente de ver a la matrona para que me los quitara. Eso y que aún estaba hinchada como una bota por la cantidad de suero y las transfusiones que me habían metido en el cuerpo era lo que me hacía sentir peor.

Lo bueno vino a partir del tercer día. Las noches transcurrían como siempre: lactancia a demanda cada hora o menos. Mi anemia bajita, el poco descanso, el sangrado y la piel tirante de la cicatriz me hacían seguir dependiendo de la gente. Mi madre venía cada tarde, Marc me ayudaba mucho a coger al peque por las noches, a cargar peso y con la casa, la compra, se encargó de ir solucionando todo el papeleo -que es un rollo,- mi suegra también venía cuando podía para pasear al bebé mientras intentábamos dar una cabezada.

Búsqueda de pediatra

Otra historia fue la búsqueda de pediatra. Tiramos sobre todo de recomendaciones de madres cercanas. Finalmente nos quedamos con una en el centro de salud y una que elegimos por lo privado.

Las visitas de niño sano fueron bien. Liam había perdido un poco de peso -lo normal- y tenía la torticolis que nos dijeron en el hospital que le impedía girar la cabeza hacia el lado derecho, para lo que nos derivaron a una fisioterapeuta especializada en pediatría. Para cuando vimos a ambas, Liam había empezado a sufrir de cólicos por las tardes. Por lo demás, todo acorde al tiempo del peque: reflejos bien, oído y vista bien, etc.

Visitas a la fisioterapeuta

La primera consulta a la fisio fue dura. Nos recibió y nos hizo un test para valorar si el niño tenía cólicos y en qué grado. Una vez contestamos todas sus preguntas dictaminó que tenía cólico del lactante moderado. Tratamiento: ninguno. Desgraciadamente sólo se le pueden dar unos masajes para aliviarlo y unas gotas de un pro-biótico llamado Reuteri.

El primer masaje que le dio hizo que Liam llorara desconsoladamente. Tenía a penas dos semanas y por primera vez lloraba con lágrimas. Lloró él y lloré yo. El pobre hizo pis, caca y todo lo que podáis imaginar. El padre se tuvo que salir para no verlo. Estuve a nada de coger el peque y llevármelo a casa, pero era por su bien y aguanté. Ahí no acabó la cosa. Una vez terminado el masaje de los cólicos y la guía para que lo repitiéramos en casa, vino el masaje para devolverle la movilidad en el cuello. Volvimos a llorar los dos y el papi recibió unas instrucciones con sus consiguientes avisos de precaución para hacerlo cada día hasta la siguiente visita con mucho cuidado.

Los siguientes días le administramos el pro-biótico, la vitamina D que nos recomendó la pediatra, le dimos los masajes y todo siguió igual. Cada tarde el peque se retorcía de dolor y no había cómo calmarlo. Pasadas más o menos tres horas y después de muchos mimos, muchos paseos y muchos abrazos, se quedaba “dormidito” del cansancio hasta la siguiente toma.

Reflujo gastroesofágico vs regurgitación

No recuerdo muy bien el día, pero tenía aproximadamente diez días de vida, Liam vomitó de forma brusca, echando todo lo que había tomado de leche materna. A veces echaba algo, pero en esa ocasión fue mucha cantidad. Al contárselo a la pediatra del privado ,la primera que nos atendió, me dijo que eran regurgitaciones. El día que el peque vomitó sólo estaba yo, de modo que no tenía testigos y me tuve que callar cuando me dijo que no le diera importancia.

Reflujo

Pasaron los días y Liam seguía con sus regurgitaciones y vomitaba en algunas ocasiones. La que mejor recuerdo fue una noche que, al escucharlo, me despertó y lo vi echando leche por la nariz y la boca y hacía movimientos como de estar ahogándose. Os podéis imaginar el susto que me llevé. Por suerte, otro día Marc lo vio y en la siguiente visita la pediatra le puso más interés, aunque aún con reservas. Nos recomendó que si vomitaba más de dos veces al día de forma violenta lo lleváramos al Materno para que le hicieran una ecografía y nos dijeran si Liam tenía algún problema.

Tenía tres semanas cuando un domingo se levantó vomitando y el episodio se repitió varias veces más. En un principio no hicimos nada, pero al final nos fuimos al hospital y allí le hicieron la eco y vieron que la válvula cardias, que separa el esófago del estómago, no se cerraba y por eso la leche que tomaba volvía a salir. ¡Ufff! Dentro de todo no eran malas noticias. Si hubiera sido el píloro sí podría ser preocupante e incluso requerir intervención quirúrgica para cerrarla.

Tratamiento: poco. Nos dieron una receta de un jarabe al que llamaban Ranitidina cuya función es aliviar la acidez de estómago. Al ser algo fisiológico que depende de la maduración del conducto no se puede hacer nada más que eso. A otros niños le dan Omeprazol, pero es lo mismo.

¡Pobre! “Tan pequeño y ya sufriendo,” eran las palabras de su padre cada vez que lo veía llorar. Cuando no eran los cólicos, era el mal cuerpo que le provocaban los cólicos. Como consecuencia de todo eso el niño dormía poco y se mostraba inquieto. No se le podía coger como a un bebé. Había que darle de comer incorporado y, según las recomendaciones del hospital, tener a Liam en posición vertical una hora después de cada toma. Imaginaros el panorama: anemia, sin dormir más de dos horas, enganchado al pecho unos cuarenta minutos y una hora de paseo en pie para que no vomitara.

Final

Sí, la cuarentena fue dura. Por suerte mis problemas fueron solventándose. Me quitaron las grapas -después de que un par de puntos se enquistaron-, la anemia mejoró y volvió a valores normales tras el tratamiento con Tardiferon, dejé de estar hinchada y fui recuperando movilidad lo que me permitía no tener que “dar trabajo” a las personas de mi alrededor. Lo sé, en estos casos hay que dejarse mimar y ayudar, pero yo no valgo para eso porque sufro por ellos.

Fueron pasando los días y cuando me quise dar cuenta ya habían pasado los cuarenta días y mi bebé había crecido y engordaba a pesar de los inconvenientes del reflujo y de no dormir a penas.

No todo fue malo. Como os habréis dado cuenta, suelo ser bastante realista: ni el embarazo, ni el parto, ni el post-parto son idílicos, pero tampoco son tan terribles. De este período podría destacar cosas buenas y malas.

Valoración final

Lo bueno:

  • Mi niño que cada día evolucionaba e iba aprendiendo cosas nuevas. Una sonrisa suya y se te olvidaba que no habías dormido.
  • Marc se ha encargado de todo lo que yo no podía hacer.
  • Darme cuenta de que tengo una familia (la mía y la de Marc) maravillosa que siempre está ahí para echar una mano y que le dan muchísimo cariño a Liam.
  • Saber que por muy cansada que esté siempre puedo dar un poco más.
  • Relativizar mucho. Lo más importante ahora es el bienestar de mi bebé y por supuesto el nuestro para poderlo cuidar como se merece.
  • La lactancia va genial. No tengo molestias, ni se me han agrietado los pezones y mi niño se sacia con mi leche.

Lo malo:

  • Liam necesita toda la atención del mundo porque sus pequeños problemas le hacen estar inquieto y demandar más calor humano del que era de esperar –y yo encantada de dárselo.-
  • El tiempo se pasa volando. No me cunden los días, tengo que dejar de lado mis objetivos profesionales (de momento) y el peque crece muy deprisa.
  • No tenemos mucho tiempo como pareja. Aún estamos desbordados.
  • Dar el pecho cada hora o menos. Es algo que me ha pillado “descolocada” y que me tiene exhausta.
  • No encuentro tiempo para mí. Me ducho y me visto en dos minutos –el día que me puedo duchar,- me pongo lo primero que encuentro, me peino lo justo y necesario y, por supuesto, no me pinto. Estoy muy cansada y a pesar de que me tiré todo el embarazo deseando dar a luz para dormir boca-abajo a día de hoy no he podido porque estoy incómoda.
  • Aunque en un principio tomé como norma salir todas las tardes con el peque tuve que dejar de hacerlo cuando empezó a tener cólicos porque le podía dar en cualquier sitio y era imposible calmarlo.

Pues ya veis cómo fue mi cuarentena. ¿Y la tuya? ¿Fue mejor que la mía? Espero que sí.

P.D.: seguro que me dejo muchas cosas en el tintero porque ya ha pasado bastante tiempo y, como se suele decir, uno se acuerda de lo bueno solamente. Si queréis preguntarme algo que penséis que se me haya pasado no tenéis más que decírmelo e intentaré hacer memoria.