El 8 de noviembre a las 8:30 tuvo lugar la punción. ¿Cuáles son los pensamientos tras la punción? Tras esa intervención, haciendo caso del reposo relativo recomendado (ni relaciones sexuales, ni ejercicio físico violento), sólo se te pasa por la cabeza qué día será la transferencia y qué medicación tienes que tomarte para preparar el endometrio (Progeffik y ácido fólico). O al menos eso es lo que a mí me preocupaba hasta este momento. No estaba preparada para la llamada que recibí dos días después a media mañana. Sonó el teléfono e intuyendo que sería del hospital lo cogí corriendo:

E: “¿Ángela?”

Yo: “Sí, soy yo.”

E: “Soy la embrióloga. Siento llamarte para esto, pero tengo que darte una mala noticia. Los embriones fecundaron pero no han evolucionado bien y los hemos descartado.”

Yo: “Bueno, ¡gracias! 😞

A pesar de la mala noticia, seguía fuerte. No sabía cuál era el procedimiento a partir de entonces, pero pensaba de forma positiva. Fue a los pocos minutos cuando recibí la segunda llamada, esta vez del ginecólogo que llevaba mi tratamiento:

G: “Ángela, ya ves que esta vez las cosas no han salido como esperábamos y creo que dado tu historial y la calidad de tus embriones hasta ahora deberías empezar a valorar la ovodonación. Ya lo hablamos en la consulta y sé que me dijiste que no entraba dentro de tus opciones, pero si quieres ser madre esa es tu mejor opción.” – Noté en su voz el tono de preocupación y que de verdad quería ayudarme, pero no quería engañarme.

Yo: “La verdad es que no lo contemplo, pero lo pensaré. ¡Gracias!” – Mi respuesta fue bastante seca. Quería colgar.

Automáticamente dejé el móvil y no pude evitar derrumbarme. Estaba tocada. No estaba emocionalmente preparada para eso. ¿Ovodonación? Es cierto, que en alguna cita anterior habíamos hablado de ella, pero no la contemplaba. Parecerá una tontería, sonará egoísta e incluso incoherente con mi deseo, pero aunque sabía que quería ser madre, siempre quise serlo de forma natural. Ya el hecho de acudir a los tratamientos de reproducción corrientes me chocaba, pero al menos la fecundación con “gametos” de mi pareja y mío, me parecía normal. Lo entendía sólo como una ayuda para que se encontraran mi óvulo y su espermatozoide.

No me entendáis mal. La ovodonación, la donación de esperma o la adopción me parecen muy buenas maneras de cumplir el sueño de ser padres. El problema es que nadie te prepara, por mucho que lo tengas alrededor, para enfrentarte a estos problemas de fertilidad. No es lo mismo que te digan que lo vas a tener difícil para concebir, que que te digan que no los vas a poder tener por ti misma. Desde que nacemos tomamos conciencia de que algún día seremos padres, pero no pensamos en que quizás no lo tengamos fácil.

La reproducción, en mi opinión, desde el principio de los tiempos se ha entendido como el medio para perpetuar la especie. Posteriormente creo que el fin era perpetuar la estirpe familiar. De ahí que siempre los padres se pregunten a quién se parece el bebé, si tendrá el carácter de uno de los dos progenitores o de los abuelos. Y eso hoy en día está cambiando. Cada vez hay más parejas que se enfrentan a problemas de fertilidad y que por la edad, el estrés, la alimentación, etc. no les es posible tener hijos si no es recurriendo a estas técnicas o protocolos de adopción. https://www.eldiario.es/politica/Espana-registro-tercera-fertilidad-UE_0_620138549.html

Volviendo a mi historia. Se me pasaron mil cosas por la cabeza y de repente empece a llorar desconsolada. Mi chico estaba en la habitación de al lado trabajando, me escuchó y en seguida se acercó. No sabía aún la mala noticia. Cuando se lo dije se mostró muy comprensivo, pero estaba igual de perdido que yo. Ninguno de los dos habíamos pensado que tendríamos que recurrir a la ovodonación.

Alguna vez os he dicho que él ante todo quería verme feliz, no quería que la hormonación me afectase y sobre todo no quería verme sufrir. De ahí que la mayoría de las decisiones, si seguíamos o no con los tratamientos, las tomase yo. Él no se iba a oponer decidiese lo que decidiese.

Por lo que sé las parejas que se enfrentan a una ovodonación o donación de esperma se preocupan casi siempre por el origen de los donantes, si serán buenas o malas personas, si sus genes serán buenos, etc. En mi caso no era eso lo que me impedía tomar la decisión. Sabía que me sometía al tratamiento en una buena clínica, por lo que el proceso de selección de esas personas sería bastante exhaustivo y precisamente por eso sólo cogerían a los mejores. Mi preocupación era otra. Yo sólo pensaba que si concebía un bebé con el óvulo de una donante, aunque seguro que lo iba a querer con toda mi alma porque iba a formar parte de mí en el embarazo y el resto de mi vida, en el futuro a lo mejor tendría que contarle su origen y no podría aclararle nada sobre su herencia genética. Imagino que algo así deben pensar los padres adoptivos.

Mi pregunta para mi chico fue: “Necesito saber cuántas ganas tienes de ser padre.” Os conté que no sabía si había tomado la decisión porque él quisiera ser padre o porque me quería. Su respuesta fue: “Claro que quiero ser padre, pero no quiero que hagas nada que tú no quieras. Si quieres seguir con el tratamiento de ovodonación, adelante, pero si decides abandonar, lo entenderé. Igual que si quieres parar ahora y en el futuro adoptar.” He de decir que en ese momento no sólo me tranquilicé, sino que valoré mucho más a quién tenía a mi lado.

Había quedado para comer con mi tía Rafi para ese día. Tras la noticia perdí todas las ganas de comer y sobre todo quería estar sola, pensar, analizar las opciones. Sin embargo, no eran muchas las comidas que tenía con mi tía y siempre me hacen sentir bien. Hace algún tiempo que practica yoga y está centrada en el autoconocimiento, por lo que se ha vuelto una persona muy “zen”, así que verla quizás podía venirme bien. Quedamos en un chiringuito en una de mis playas favoritas -ya el sitio era bueno- y el día era espectacular.

Al llegar, ya más calmada, la saludé, nos sentamos en una mesa en la terraza y, aunque ahora no recuerdo muy bien si ya le había adelantado algo por teléfono, le comencé a contar lo que me pasó esa mañana. En realidad en un principio quedamos porque ella quería verme y saber cómo estaba después de que la primera FIV no resultase y de que me despidieran. Creo que ni ella podía imaginarse que estaría tan mal, porque unos días atrás me encontraba genial, fuerte y preparada para lo que fuera.

Le hablé de las palabras del ginecólogo, de que él consideraba que era mi única opción, de mis preocupaciones y mis miedos. No olvidaré jamás lo que me dijo, porque con una sola frase consiguió abrir mi mente: “creo que le estás dando muchas vueltas y en realidad estamos hablando de células, de algo que aunque no sea tuyo con el tiempo lo será. Va a crecer dentro de ti y tú la vas a educar.” Fin. No hizo falta más. En ese momento reaccioné. Tenía razón fuese de quién fuese al final se convertiría en una persona maravillosa que crecería a mi lado y a la que querría como si la hubiera concebido con mi óvulo.

Mi pensamiento cambió, empecé a creer que era una buena oportunidad para ser madre, pero aún así le comenté que quería intentarlo una última vez con mis óvulos. No sé si os lo he dicho, soy bastante cabezona y me cuesta mucho darme por vencida. Lo poco que tengo lo he conseguido a base de esfuerzo.

Mi tía me apoyó en aquella decisión y me dijo que no me preocupase por la parte económica. No hacía falta que ella me ayudase porque ya mis padres se habían ofrecido, pero se lo agradecí. Soy consciente de que soy muy afortunada porque tengo una familia detrás que no me la merezco. No sé si tendré tiempo en esta vida de devolverles todo el cariño que me dan. El dinero no sé si podré devolvérselo, pero al menos espero poder estar ahí cuando me necesiten.

Era 10 de noviembre y tras todo este vaivén de emociones y pensamientos decidí luchar. Un nuevo intento y después ya veríamos. En la clínica de reproducción me dijeron que cuando me bajase la regla les llamara. Eso era lo que tenía que esperar ahora. En cuanto pasase todo volvería a empezar, pero lo que pasó te lo cuento en el siguiente post. 😉

Aprendizaje de esta segunda FIV: nunca digas “nunca”.

Si no leíste el anterior te dejo el enlace: http://mamáalos40.com/segundo-ciclo-fiv-estimulacion-y-puncion/

 

 

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