Siguiente etapa: transferencia y betaespera. Por fin llegó el día de la transferencia. Era sábado 14 de octubre y bien temprano nos dirigimos al hospital. Desde la punción y sabiendo que habían fecundado tres embriones comenzamos un debate sobre cuántos embriones debían transferirnos. El ginecólogo y la embrióloga nos recomendaron desde el principio dos y dejar el tercero congelado por si no llegaran a implantar. Mi pareja temía un embarazo múltiple por las complicaciones que eso podría conllevar, los cambios que tendríamos que hacer en nuestras vidas (tenemos un piso pequeño y dos coches pequeños). Yo en cambio sabía que era complicado que uno llegase a implantar, por lo que si fueran dos los que finalmente llegasen al final del proceso serían bienvenidos, nos ajustaríamos un poco y listo.

Al llegar pasamos al despacho de la embrióloga. Nos explicó como habían ido evolucionando los pequeños. Nos enseñó una imagen donde se distinguían las células y su división. Nos entregó la imagen para que la guardásemos. Al parecer uno de ellos era de calidad B/C y los dos restantes D. No eran muy buenas noticias, pero nuevamente me aferré a mi optimismo. De los dos de calidad D uno presentaba mejor aspecto que el otro, por lo que nos dijo que lo mejor era transferir dos y dejar el tercero para ver si evolucionaba bien, aunque era bastante complicado. Tras un breve cambio de impresiones estaba claro que debíamos seguir sus recomendaciones, al fin y al cabo ella era la experta y nosotros unos potenciales padres asustados. La de abajo es la foto que nos entregaron y que espero que la recordéis porque más adelante comprobaréis cómo hubo un cambio en mí en todo este proceso. En la imagen de arriba se aprecia que no eran de muy buena calidad.

Repetimos el mismo proceso de la punción. Traslado a vestuario, cambio de ropa por la bata desechable y traslado con el celador al lugar de la transferencia, que no es más que un pequeño espacio habilitado junto al laboratorio donde se conservan los embriones.

Al llegar me esperaba el ginecólogo y la embrióloga. El médico antes de nada me recibió con una sonrisa, aunque en su cara se veía que esperaba algo más después de todo lo que habíamos luchado en este ciclo. Aún así siempre me habló de manera optimista y con cariño. Me revisó el endometrio para comprobar que todo estaba bien después de la intervención de dos días antes. Me explicó donde se situaba mi útero y donde depositarían los embriones. Dicho esto la embrióloga trajo una cánula en la que transportaba mis dos cigotos. No estaba muy nerviosa por había leído que esta fase no tiene ninguna complicación y es parecido a cuando nuestro ginecólogo habitual nos extrae tejido para la citología. Poco a poco, con mucho cuidado, fue introduciendo el tubo en la vagina hasta llegar al endometrio y suavemente dejó los embriones en el lugar que me había enseñado. ¡Ya está! Veía dos pequeños puntitos blancos en la pantalla. Antes de salir imprimió la imagen de los embriones en mi interior. ¡Qué emoción! Ya estaban dentro, no podía sentirlos pero sabía que estaban ahí. Además me explicó que estuviese tranquila, habíamos hecho ambos todo lo que estaba en nuestra mano y ahora sólo quedaba esperar. Me entregó la impresión de la ecografía, el volante para el análisis de sangre beta (el que determina si estás o no embarazada) y una prueba de embarazo de orina para usar en casa dos semanas después. Pasábamos a la fase de betaespera.

(Hay que echarle un poco de imaginación, pero ahí tenéis los embriones implantados.)

No lo negaré, pese a mi infinita paciencia desarrollada durante este año y medio, la serenidad que me caracteriza y mi positividad, quería saberlo ya. ¿Estaba o no? ¿Habían implantado o no? ¿Por qué no es posible saberlo al momento? La ciencia ha avanzado mucho en los últimos cuarenta años, pero esto es algo que se escapa a la razón y hay que dejar que la naturaleza siga su curso.

Mis dos peques no tenían muy buena calidad, pero eso no quería decir nada. Había leído testimonios de mujeres que habían conseguido embarazarse con embriones de la misma calidad. ¿Por qué no iba a ser yo una de ellas?

La betaespera es una prueba más de resistencia, de superación y de conocimiento. Es dura, esa es la verdad, quizás la parte más difícil de un ciclo de fecundación in vitro. Son aproximadamente dos semanas en las que tienes que cuidarte, aunque puedes seguir tu vida normal, y en la que no puedes dejar de darle vuelta a si se habrán implantado o no. Para no pensar me volqué en mi trabajo, en mis aficiones (andar, leer, ver a mis amigas), cualquier cosa que me permitiera evadirme.

En el trabajo no me sentía muy bien porque aunque trabajaba en una oficina, una parte de nuestras tareas eran bastante físicas y no me atrevía a hacerlas por el miedo a que un mal movimiento o un sobreesfuerzo provocase el fracaso del tratamiento.

Pasaron los días y finalmente llegó el momento de saber si iba a ser mamá. El 26 de octubre me levanté temprano, ese día trabajaba, y me hice el test de embarazo usando la primera orina de la mañana. En nada salió negativo. No me desilusioné. Ya me habían explicado que podía ser un falso negativo y que lo que realmente despejaría las dudas sería el análisis beta.

Me arreglé y fui al hospital para hacerme la prueba a las 8:00 y luego irme a trabajar. Aún quedaba otra espera. Los resultados los tendrían a lo largo de la mañana, por lo que ese día en el trabajo fue atípico. Soy una persona que me concentró con facilidad, pero ese día me resultó complicado.

A media mañana recibí la llamada. No eran buenas noticias. Se confirmaba el negativo y las instrucciones eran dejar la progesterona y esperar a que bajase la regla para estudiar cuáles serían los siguientes pasos.

Intenté hacerme la dura, seguir con mi trabajo sin que me afectase, pero por dentro estaba derrotada. Por si fuera poco, esa misma tarde, al terminar la jornada laboral, mis jefes, aquellos a los que muchas veces consideré como mis padres profesionales, me comunicaron que “mi ciclo en la empresa había terminado”. Sí, el mismo día despido y no estaba embarazada. No me lo esperaba.

Ese día llegué a casa destrozada, sin parar de llorar, pero sin dejar de estudiar opciones.

A la mañana siguiente me levanté mucho más optimista. Siempre he pensado que las cosas pasan por algo y que cualquier contratiempo es una oportunidad para aprender algo. En mi caso el aprendizaje era reordenar las cosas importantes en mi vida. Llevaba tres años y medio dedicada en cuerpo y alma a mi trabajo, con horarios de sueño, trabajo y comidas bastante descompensados. A penas dormía cinco horas, un día podía comer a las 15:00 y otras a las 18:00h e incluso a las 19:00. No había que buscar culpables, por lo general suelo anteponer las necesidades de los demás a las mías y esta era una vez más. Así que algo me decía que en esta ocasión todo se había alineado para que antepusiera mis intereses a los de los demás.

Nunca he estado más de seis meses parada. Siempre que terminaba en un trabajo en seguida estaba buscando otro o algún curso para reciclarme. Esta vez no ha sido diferente. Lo primero que hice fue apuntarme a un curso y una antigua compañera me recomendó para un proceso de selección en su empresa. No tenía nada que ver con lo que había hecho últimamente, pero ya os he contado que tengo facilidad para cambiar. Para ese puesto era necesario tener bastantes conocimientos de inglés, por lo que mi siguiente paso fue buscar una academia donde refrescar los conocimientos que ya tenía.

El domingo 29 de octubre cumplí los 39.

Mi consejo para ti que me lees: no te rindas, aunque las cosas parezcan difíciles siempre hay una salida. Escúchate, sólo tú sabes cuál será el siguiente paso. Y si te equivocas, no pasa nada, volverán a surgir oportunidades. Y con la reproducción ten presente siempre que además de ti siempre está la naturaleza que a veces es incontrolable, por lo que tendrás que aprender que no pasa nada. Si al final no puedes ser madre o padre, no te abandones, tienes muchas cosas por hacer y seguro que en muchas de ellas encontrarás la ilusión.

Aprovecho para dejarte el enlace al post anterior por si te lo perdiste: http://mamáalos40.com/primer-ciclo-fiv-puncion-y-fecundacion/ .

Y si tenéis alguna duda sobre la transferencia podéis ver este vídeo https://youtu.be/uNqX-_-o2GE y si es acerca de la betaespera os paso el enlace de reproducciónasistida.org (¡qué me gusta esta web!): https://www.reproduccionasistida.org/que-es-la-beta-espera/