Tercer ciclo FIV. ¿Fecundarán?

Tercer ciclo FIV. ¿Fecundarán?

Pasaron dos días después de la punción, me administré Progeffik cada ocho horas y tomé ácido fólico (como las veces anteriores) y aún no me habían llamado para contarnos cómo maduraban los embriones. Mi paciencia se reducía cada día. Los tiempos de espera desde hacía casi dos años cada vez me pesaban. Ya estábamos en la segunda mitad del tercer ciclo de fecundación in vitro y con él una nueva espera. ¿Habrá transferencia? Eso era lo que más deseaba en ese momento.

Si recordáis en mi primera transferencia habíamos dudado si implantar uno o dos embriones por el miedo a un embarazo múltiple. En el segundo ciclo ni siquiera tuvimos que planteárnoslo ya que la calidad de los embriones era mala. De ahí que en este intento no tuviésemos muchas esperanzas de que la cosa fuera mejor. Digamos que nos dejábamos fluir. Nada de expectativas. No queríamos sufrir. Sin embargo, es inevitable generar alguna ilusión, aunque tu mente te diga lo contrario.

Al fin en la tarde del segundo día tras la punción sonó el teléfono. El comienzo del diálogo entre la embrióloga y yo como siempre: “¿Ángela?”, “Sí, soy yo”, “Esta vez tengo mejores noticias.” El primer pensamiento fue de incredulidad. ¿Habré escuchado bien? ¿Mejores noticias? No quise interrumpir. Quería que me contase más. “Los tres óvulos que extrajimos han fecundado y uno de ellos de momento evoluciona muy bien y los otros dos parece que tienen calidad C/D. De todas formas como la transferencia está programada para el día 7 de diciembre, los seguiremos observando.” ¡Ay! No sabía qué decir. Sólo puede decir: “muchas gracias.”

Llegó el día 7. La transferencia estaba pactada para las 11:00 h. Antes de nada tuvimos la reunión en el despacho de la embrióloga para enseñarnos los embriones, saber su calidad en el tercer día y decidir cuántos transferirían. Ella nos habló muy claro. Nos dijo que tal y cómo habían salido los tratamientos anteriores y siendo nuestro tercer intento ella pondría tres. A diferencia de la primera vez, en esta sólo preguntamos si no era mejor reservar alguno por si acaso y ello volvió a contestar que en nuestra situación transferiría tres. La ley 14/2006 de Técnicas de Reproducción Humana Asistida establece la transferencia de tres embriones como el número máximo para evitar embarazos múltiples. Además la Sociedad Española de Fertilidad recomienda que a las mujeres de edad superior a los 37 años se les transfieran dos embriones, pero si la calidad no es buena incluso pueden plantearse casos de tres.

¿Tres? Pues tres. Ahora me río, pero en ese momento me debatía entre la ilusión de poder tener tres oportunidades y el miedo a que implantaran y fueran trillizos. Mellizos hasta me hubiera gustado, pero tres… Seguro que si hubieran implantado los tres hubiéramos seguido adelante, pero así de primeras la idea imponía.

Tras cambiarme y que el celador me recogiera entré en la sala habilitada para la transferencia. El ginecólogo y su ayudante me recibieron con una sonrisa. Estaba contento, se le notaba. Me dijo que él pensaba que a parte del de calidad A, había otro que parecía de calidad B, pero que él no era el embriólogo. En ese momento nos reímos los dos de forma cómplice.

Empezó la transferencia. El proceso normalmente es bastante rápido pero a mí se me hizo un mundo. La embriología acercó la cánula y se lo dio al ginecólogo y él lo introdujo en la vagina para acceder a mi útero. Algo impedía el acceso. Lo intentó una segunda vez y no se podía. Yo pensé “¡no puede ser! ¡Esta vez no!” El médico le devolvió la cánula a la embrióloga que se los llevó para ver en el microscopio si los embriones seguían en él. El ginecólogo mientras introdujo el ecógrafo vaginal para ver qué pasaba. Cuando miró en la pantalla el camino y estuvo seguro avisó a la embrióloga para que volviera a acercar la cánula. Yo esperaba que mientras hacía todo me dijera algo para tranquilizarme, algo como “es normal”, “a veces pasa.” No, en ese momento no se dirigió a mi y yo ni abrí la boca. Su ayudante sí que me miraba de forma cómplice para intentar transmitirme serenidad. Seguro que pasó poco tiempo, pero para mí fue como media hora. Finalmente, pudo hacer la transferencia y depositar los tres embriones en el endometrio.

Transferencia tercer ciclo FIV.

Transferencia hecha. Embriones dentro del endometrio. Mamá a los 40.

No sé si eran los nervios o qué pero esta vez no acertaba a ver los puntitos blancos en la pantalla para confirmar que estaban dentro. El médico me los señaló, pero no los veía, y acto seguido me dio el sobre con las instrucciones a seguir a partir de ese día y se despidió. Me quedé con su ayudante y en el momento que lo vi alejarse me dio por llorar. No sé si fue fruto del estrés del momento, de la cantidad de hormonas que llevaba en mi cuerpo desde que empecé a tratarme a finales de septiembre, o de la emoción de saber que al menos uno de los embriones era de calidad A y eso era muy buena señal. La ayudante – no la mencionado antes, pero desde que la conocí le puse el nombre de “Dulce” porque era encantadora, de esas personas que son buenas porque sí – me abrazó y estuvo consolándome y dándome ánimos. Me llegó a decir que todos en el equipo estaban deseando que por fin me saliera bien porque me apreciaban mucho y sabían las ganas que tenía de ser madre.😭 Lloré más. – Esto creo que no se lo he contado ni a mi pareja ni a mis padres y si leen este post se enterarán por primera vez como vosotros.

Cuando por fin salí, me cambié y me encontré con mi novio en la sala de espera. Estaba contenta. Ya los tenía dentro. Aún así no quería hacer mucho esfuerzo por si acaso. Sé que no pasa nada, pero lo primero que piensas es “se van a salir”. Jaja, seguramente los especialistas estarán hartos de escuchar cosas como esta.

Comenzaba la betaespera. ¡Once días hasta saber si estaba embarazada o no! Sólo once, pero se te hacen como un mes. Paciencia. Reposo relativo los cuatro primeros días, Progeffik y ácido folio y dejar que la naturaleza siga su curso. ¡Ya está! La suerte estaba echada. Suerte, combinación adecuada de hechos científicos, daba igual, el caso es que era el último intento. Tenía que salir bien, si no tendría que sopesar otras opciones que quizás estarían fuera de mi alcance o de mi forma de entender la maternidad.

El día 18 de diciembre era el día en el que me tenía que hacer el test de embarazo (el casero que te dan en el hospital y el de sangre). Ya la fecha me gustó. Ese día era el 40º aniversario de boda de mis padres. ¡Qué bonito sería poderles regalar un nieto!

En esta ocasión tenía al límite la paciencia por lo que compré en Babyplan unos tests de embarazo precoz de alta sensibilidad, que resultan fiables desde cinco días antes del día que esperas la regla. No me lo hice cinco días antes pero dos días antes sí. Salía una rayita muy marcada y otra casi imperceptible. ¡Negativo! Eso es negativo. Y mi mente cambiaba y me decía: “espera, es pronto.” Como no me quedaba muy claro que fuese fiable me acerqué a una farmacia y compré un Clearblue de esos que te dicen de cuántas semanas estás.

El 17 repetí la operación y a primera hora me hice el test. El resultado era el mismo. ¡Ay! ¿Qué será eso? Con la incertidumbre me fui a comer con mis padres para celebrar su aniversario. Era al día siguiente, pero como caía en lunes decidimos adelantarlo. Durante la comida era inevitable que saliera el tema: “¿te imaginas?” – me decían mis padres. Claro que me imaginaba pero no quería hacerme ilusiones. Por la tarde teníamos reunión familiar en casa de mis tíos Juan y Juani. Como os he contado somos muy de reuniones. Ese día teníamos pendiente hacer el amigo invisible para los regalos de Navidad. Toda mi familia sabía ya que me estaba sometiendo a tratamiento de fecundación y que ya me habían hecho la transferencia. Que todo el mundo lo sepa implica un riesgo y es que si sale mal tendrás que dar muchas explicaciones, pero en mi caso fue un gran apoyo el poder contar en cada momento cómo me sentía y que ellos lo entendieran.

Al día siguiente, 18 por la mañana temprano, creo que eran las 7:00, me preparé para hacerme mis tres tests (el que me dio el ginecólogo, el de alta sensibilidad y el Clearblue 😂 . Un poco exagerado lo sé, pero quería saber. El primero fue el de la clínica de reproducción. Ese era algo complicado porque tenías que echar tres gotitas en un circulito que aparece en la varilla. Creo que me pasé o no llegué porque dio negativo. El segundo fue el de alta sensibilidad. Como los días anteriores una raya era rosa y la segunda era de un rosita muy claro. Para terminar y casi con las esperanzas por el suelo me hice el Clearblue. Esperar… De repente en la pantalla: “Embarazada 2-3 semanas.” Justo en ese momento mi chico se levantó y me preguntó que qué tal. ¡Ay! No sabía qué decirle. Solo le dije mire y dime qué significa todo esto. Vaya lío: uno no, otro ni fu ni fa y otro que sí. Estaba claro tenía que ir al hospital en cuanto me duchara para quitarnos la duda.

¿Positivo o negativo?

Tres tests de embarazo tras la betaespera del tercer ciclo FIV. Mamá a los 40.

Por el camino no pude evitar pensar en la posibilidad de que realmente fuera “sí”, pero al mismo tiempo me intentaba calmar para no llevarme un chasco si finalmente era que no. A las 8:30 estaba ya en la clínica para hacerme el análisis. ¡Hecho! Una cosa menos. Ahora a esperar la llamada. Como os conté en el primer intento a media mañana me avisarían del resultado. Dieron las 12:00 y mi madre empezó a escribir: “¿sabes algo?” “No mamá, pero por favor tranquilízate porque yo ya estoy bastante nerviosa.” La pobre, se preocupaba por mi. Porque la conozco no le quise contar lo de las tres pruebas caseras de embarazo, porque su mente echa a volar y se ilusiona.

A las cuatro de la tarde más o menos, viendo que no me llamaban y que me empezaban a escribir familiares y amigos para saber, decidí escribir un email al ginecólogo. En seguida me llamó por teléfono y me dijo que no tenía constancia de que me hubiera hecho la prueba, que allí sólo tenía el resultado de una paciente que no tenía mi nombre y que su prueba era negativa. Me dijo: “hazte a la idea de que es negativa, pero voy a investigar.” ¡Ya está! 😱 ¡Es que no! En ese momento en algún grupo de Whatsapp escribí: “parece que no estoy embarazada.” Pero en ese instante me volvió a llamar el médico y nunca se me olvidarán estas palabras: “¡Qué no! ¡Qué es positivo! Al parecer tus resultados los han metido en el expediente de otra paciente, pero que sí, que estás embarazada y los valores no arrojan ninguna duda.” Lloré. Lo reconozco, lloré. Lo segundo fue empezar a tranquilizar a todos: mi novio (que luego me confesó que también lloró cuando se enteró), mis padres, mi familia, mis amigas (mis estrellitas que siempre han estado ahí desde el principio, antes incluso de empezar a intentarlo) y luego a mí misma, en mi cabeza. ¡Felicidad! No tenía miedos. Ese día no. Ese día era para disfrutarlo y así lo hice.

Sé que muchos esperabais este resultado desde que empezasteis a leerme. Otros tenías dudas. Y otros no podíais esperar para saberlo y me habéis escrito para pedirme por favor que os lo dijera con la promesa de no hacer spoiler 😆. A todos, ¡muchas gracias! Aún me queda mucho que contaros porque ahora empieza la otra espera, más bonita pero que requiere también paciencia, y sin vuestras palabras quizás no hubiera seguido. Así que espero que sigáis leyendo en la siguiente página del blog: Embarazo. ¡Ah! Y perdonad si este post ha sido más largo, pero quería contarlo bien, tal cual lo sentí. 😅

A ti que me lees: “Inténtalo. No te rindas. Paciencia y, si no sale, estate tranquilo. Las cosas pasan por algo y siempre hay una parte positiva, una enseñanza o un nuevo camino que seguir.”

 

 

Tercer ciclo FIV. Último intento.

Tercer ciclo FIV. Último intento.

Tercer ciclo de fecundación. Mamá a los 40

El 10 de noviembre dejé de administrarme Progeffik. Por fin la regla apareció el 19 de noviembre. Era domingo por lo que decidí enviar un email para avisar a la clínica. No quería esperar al lunes para comunicarme. La paciencia que siempre había tenido se empezaba a esfumar. El lunes me llamaron para darme cita para el día 22, miércoles. Ese día comenzó mi tercer ciclo de fecundación (FIV) y con él mi último intento de quedarme embarazada con mis propios óvulos.

Como desde que hablé con el ginecólogo el día de la mala noticia no había vuelto a verlo, no había podido contarle cuáles eran mis intenciones, así que iba preparada para negociar con él. Para mi sorpresa ese día no estaba él, pero sí una de las especialistas de su equipo que me había atendido en otras ocasiones. Tras preguntarme cómo me encontraba me pasó a la camilla para realizarme la ecografía vaginal de rigor para ver en que estado estaba mi útero y si tenía algún folículo. Tras ver que estaba bien y como anteriormente no tenía muchos óvulos, pero alguno había, me volvió a recetar los medicamentos. Sí, ni siquiera hablamos de la ovodonación. Me quedé sorprendida y ni saqué el tema. Yo quería intentarlo de nuevo y seguiría sus instrucciones.

Hasta ahora me había puesto inyecciones de Gonal-f o Menopur, o la mezcla de ambos, pero en esta ocasión tuve que comprar una pluma de Elonva. Aunque se utiliza igual que los anteriores para la estimulación ovárica, la diferencia es que sólo es necesaria la administración de una única inyección y hace efecto de forma gradual durante siete días. No lo había escuchado nunca, pero eso de que sólo fuera una jeringa me encantó. Ya había perdido la cuenta del número de pinchazos que llevaba y cada vez me dolía más la zona donde me los ponía. A pesar de que intentaba ir alternando los lugares, ya era como si interiormente tuviera un cardenal. Es cierto que las hormonas no me trastocaron mucho emocionalmente, pero lo de las inyecciones lo llevaba regular, así que agradecí este nuevo medicamento. La hora la de siempre, las 23:00h.

Me asignaron una nueva cita para el día 27 de noviembre a las 14:30. Ese día sí estaba el jefe de Reproducción. Él tampoco me mencionó la ovodonación. Me dio la bienvenida, me preguntó si había tenido problemas para administrarme Elonva y me pasó a la camilla para ver cómo iba todo. Al parecer iba muy bien. No porque hubiera muchos óvulos, sino porque el crecimiento de ellos era paralelo, estaban madurando y además tenían el tamaño esperado ese día. Esta vez no hubo sorpresas. Todo iba rodado. Al final la ecografía fui yo la que saqué el tema. Le dije: “he empezado a valorar la ovodonación”. En ese momento él me contestó que “cuando empezamos un ciclo no hablamos de otras cosas.” Me impactó la respuesta. Pensé que querría saber mi punto de vista. Sin embargo, me pareció una buena señal. Algo habría visto bien que ya no se lo planteaba. O eso era lo que mi mente quería pensar (ya volvió la positiva que hay en mí).

Al día siguiente tenía que ponerme una inyección de Orgalutrán y acudir el miércoles 29 a las 10:30 para una nueva eco. Ese día todo volvió a salir bien, por lo que me recomendó ponerme otro Orgalutrán el 29 y el jueves 30 dos polvos de 75 más un líquido de menopur y otro Orgalutrán. Nueva ecografía para el viernes 1 de diciembre. Como hasta ahora, todo seguía como se esperaba.

El día 1 tocaba Menopur y un nuevo Orgalutrán. De este último tenía un par de ellos en casa del anterior ciclo, por lo que sólo compré uno. No sé por qué yo había contado con que tenía uno más, sin embargo a las 23:00, hora en la que siempre me ponía las inyecciones me di cuenta de que me faltaba ese medicamento. No os puedo explicar lo nerviosa que me puse. No podía ser que precisamente en ese ciclo que parecía que todo iba a salir bien, acabara mal por un error mío. Llamé a mi novio que estaba trabajando por si él podía buscar una farmacia de guardia, pero él estaba trabajando y no podía dejar su negocio sólo. No lo pensé. Colgué y salí corriendo a la farmacia de 24 horas más cercana. Es grande y siempre suelen tener de todo. Llegué a las 23:10 (me tele-transporté) pero no lo tenían. ¡¡¡Piensa!!! Se encendió la luz. Había otra frente al ambulatorio. Cruzando los dedos conduje y cuando pregunté por el Orgalutrán me dijeron que no tenían el embalaje individual, que me podían vender el de cinco inyecciones. En ese momento me daba igual que fuera mucho más caro, lo necesitaba y lo compré. A las 23:30 estaba en casa preparándome para ponerme la dosis. ¡Listo! Sentí alivio, pero no sabía si esa media hora de diferencia podía influir de forma negativa en el tratamiento.

No es habitual, pero me citaron para una nueva eco el sábado 2 a las 11:15. Una de las ginecólogas del equipo estaba en quirófano y me atendería en uno de los descansos para ver qué tal iba todo. Después del sobresalto de la noche anterior iba con miedo. Miedo a que me dijera que algo había paralizado el crecimiento. Pero no fue así. Todo iba bien. Respiré.

Esa noche tenía que administrarme un Ovitrelle entero a las 21:00 y el domingo nada. Estaba hecho. El lunes 4 de diciembre se programó la punción para las 8:30. Para ello, debía estar en ayuno desde las 00:00 de la noche anterior.

La intervención fue como las otras dos veces, con la diferencia de que en esta ocasión sí me asignaron una habitación donde mi pareja podía permanecer mientras que a mí me aspiraban los óvulos. ¿Sería una buena señal? No sé, yo ya quería ver indicios en cualquier cosa. Me cambié la ropa y me puse el camisón hospitalario, me recogió el celador y me llevó a quirófano. Igual que en otras ocasiones allí estaban ginecólogo, anestesista y embrióloga. Esta vez avisé de que la vez anterior había pasado mucho frío y me taparon con una manta. No recuerdo más. Me desperté en la sala de recuperación como siempre mientras que pronunciaban mi nombre: “Ángela, Ángela”.

En esta ocasión, la sala también estaba llena, pero esta vez me subieron a planta para terminar la recuperación en la habitación junto a mi novio. Él me dijo que había salido todo como esperábamos, que habían extraído tres óvulos, así que me tranquilicé, era uno más que en el segundo ciclo. La parte más difícil comenzaba cuando nos fuéramos a casa. La espera de la llamada de la embrióloga para contarnos cómo habían fecundado mis óvulos y sus espermatozoides y de qué calidad eran los embriones resultantes.

¿Qué pasó? No te pierdas el siguiente capítulo de mi aventura.

 

 

Segundo ciclo de FIV. ¡Malas noticias!

Segundo ciclo de FIV. ¡Malas noticias!

El 8 de noviembre a las 8:30 tuvo lugar la punción. ¿Cuáles son los pensamientos tras la punción? Tras esa intervención, haciendo caso del reposo relativo recomendado (ni relaciones sexuales, ni ejercicio físico violento), sólo se te pasa por la cabeza qué día será la transferencia y qué medicación tienes que tomarte para preparar el endometrio (Progeffik y ácido fólico). O al menos eso es lo que a mí me preocupaba hasta este momento. No estaba preparada para la llamada que recibí dos días después a media mañana. Sonó el teléfono e intuyendo que sería del hospital lo cogí corriendo:

E: “¿Ángela?”

Yo: “Sí, soy yo.”

E: “Soy la embrióloga. Siento llamarte para esto, pero tengo que darte una mala noticia. Los embriones fecundaron pero no han evolucionado bien y los hemos descartado.”

Yo: “Bueno, ¡gracias! 😞

A pesar de la mala noticia, seguía fuerte. No sabía cuál era el procedimiento a partir de entonces, pero pensaba de forma positiva. Fue a los pocos minutos cuando recibí la segunda llamada, esta vez del ginecólogo que llevaba mi tratamiento:

G: “Ángela, ya ves que esta vez las cosas no han salido como esperábamos y creo que dado tu historial y la calidad de tus embriones hasta ahora deberías empezar a valorar la ovodonación. Ya lo hablamos en la consulta y sé que me dijiste que no entraba dentro de tus opciones, pero si quieres ser madre esa es tu mejor opción.” – Noté en su voz el tono de preocupación y que de verdad quería ayudarme, pero no quería engañarme.

Yo: “La verdad es que no lo contemplo, pero lo pensaré. ¡Gracias!” – Mi respuesta fue bastante seca. Quería colgar.

Automáticamente dejé el móvil y no pude evitar derrumbarme. Estaba tocada. No estaba emocionalmente preparada para eso. ¿Ovodonación? Es cierto, que en alguna cita anterior habíamos hablado de ella, pero no la contemplaba. Parecerá una tontería, sonará egoísta e incluso incoherente con mi deseo, pero aunque sabía que quería ser madre, siempre quise serlo de forma natural. Ya el hecho de acudir a los tratamientos de reproducción corrientes me chocaba, pero al menos la fecundación con “gametos” de mi pareja y mío, me parecía normal. Lo entendía sólo como una ayuda para que se encontraran mi óvulo y su espermatozoide.

No me entendáis mal. La ovodonación, la donación de esperma o la adopción me parecen muy buenas maneras de cumplir el sueño de ser padres. El problema es que nadie te prepara, por mucho que lo tengas alrededor, para enfrentarte a estos problemas de fertilidad. No es lo mismo que te digan que lo vas a tener difícil para concebir, que que te digan que no los vas a poder tener por ti misma. Desde que nacemos tomamos conciencia de que algún día seremos padres, pero no pensamos en que quizás no lo tengamos fácil.

La reproducción, en mi opinión, desde el principio de los tiempos se ha entendido como el medio para perpetuar la especie. Posteriormente creo que el fin era perpetuar la estirpe familiar. De ahí que siempre los padres se pregunten a quién se parece el bebé, si tendrá el carácter de uno de los dos progenitores o de los abuelos. Y eso hoy en día está cambiando. Cada vez hay más parejas que se enfrentan a problemas de fertilidad y que por la edad, el estrés, la alimentación, etc. no les es posible tener hijos si no es recurriendo a estas técnicas o protocolos de adopción. https://www.eldiario.es/politica/Espana-registro-tercera-fertilidad-UE_0_620138549.html

Volviendo a mi historia. Se me pasaron mil cosas por la cabeza y de repente empece a llorar desconsolada. Mi chico estaba en la habitación de al lado trabajando, me escuchó y en seguida se acercó. No sabía aún la mala noticia. Cuando se lo dije se mostró muy comprensivo, pero estaba igual de perdido que yo. Ninguno de los dos habíamos pensado que tendríamos que recurrir a la ovodonación.

Alguna vez os he dicho que él ante todo quería verme feliz, no quería que la hormonación me afectase y sobre todo no quería verme sufrir. De ahí que la mayoría de las decisiones, si seguíamos o no con los tratamientos, las tomase yo. Él no se iba a oponer decidiese lo que decidiese.

Por lo que sé las parejas que se enfrentan a una ovodonación o donación de esperma se preocupan casi siempre por el origen de los donantes, si serán buenas o malas personas, si sus genes serán buenos, etc. En mi caso no era eso lo que me impedía tomar la decisión. Sabía que me sometía al tratamiento en una buena clínica, por lo que el proceso de selección de esas personas sería bastante exhaustivo y precisamente por eso sólo cogerían a los mejores. Mi preocupación era otra. Yo sólo pensaba que si concebía un bebé con el óvulo de una donante, aunque seguro que lo iba a querer con toda mi alma porque iba a formar parte de mí en el embarazo y el resto de mi vida, en el futuro a lo mejor tendría que contarle su origen y no podría aclararle nada sobre su herencia genética. Imagino que algo así deben pensar los padres adoptivos.

Mi pregunta para mi chico fue: “Necesito saber cuántas ganas tienes de ser padre.” Os conté que no sabía si había tomado la decisión porque él quisiera ser padre o porque me quería. Su respuesta fue: “Claro que quiero ser padre, pero no quiero que hagas nada que tú no quieras. Si quieres seguir con el tratamiento de ovodonación, adelante, pero si decides abandonar, lo entenderé. Igual que si quieres parar ahora y en el futuro adoptar.” He de decir que en ese momento no sólo me tranquilicé, sino que valoré mucho más a quién tenía a mi lado.

Había quedado para comer con mi tía Rafi para ese día. Tras la noticia perdí todas las ganas de comer y sobre todo quería estar sola, pensar, analizar las opciones. Sin embargo, no eran muchas las comidas que tenía con mi tía y siempre me hacen sentir bien. Hace algún tiempo que practica yoga y está centrada en el autoconocimiento, por lo que se ha vuelto una persona muy “zen”, así que verla quizás podía venirme bien. Quedamos en un chiringuito en una de mis playas favoritas -ya el sitio era bueno- y el día era espectacular.

Al llegar, ya más calmada, la saludé, nos sentamos en una mesa en la terraza y, aunque ahora no recuerdo muy bien si ya le había adelantado algo por teléfono, le comencé a contar lo que me pasó esa mañana. En realidad en un principio quedamos porque ella quería verme y saber cómo estaba después de que la primera FIV no resultase y de que me despidieran. Creo que ni ella podía imaginarse que estaría tan mal, porque unos días atrás me encontraba genial, fuerte y preparada para lo que fuera.

Le hablé de las palabras del ginecólogo, de que él consideraba que era mi única opción, de mis preocupaciones y mis miedos. No olvidaré jamás lo que me dijo, porque con una sola frase consiguió abrir mi mente: “creo que le estás dando muchas vueltas y en realidad estamos hablando de células, de algo que aunque no sea tuyo con el tiempo lo será. Va a crecer dentro de ti y tú la vas a educar.” Fin. No hizo falta más. En ese momento reaccioné. Tenía razón fuese de quién fuese al final se convertiría en una persona maravillosa que crecería a mi lado y a la que querría como si la hubiera concebido con mi óvulo.

Mi pensamiento cambió, empecé a creer que era una buena oportunidad para ser madre, pero aún así le comenté que quería intentarlo una última vez con mis óvulos. No sé si os lo he dicho, soy bastante cabezona y me cuesta mucho darme por vencida. Lo poco que tengo lo he conseguido a base de esfuerzo.

Mi tía me apoyó en aquella decisión y me dijo que no me preocupase por la parte económica. No hacía falta que ella me ayudase porque ya mis padres se habían ofrecido, pero se lo agradecí. Soy consciente de que soy muy afortunada porque tengo una familia detrás que no me la merezco. No sé si tendré tiempo en esta vida de devolverles todo el cariño que me dan. El dinero no sé si podré devolvérselo, pero al menos espero poder estar ahí cuando me necesiten.

Era 10 de noviembre y tras todo este vaivén de emociones y pensamientos decidí luchar. Un nuevo intento y después ya veríamos. En la clínica de reproducción me dijeron que cuando me bajase la regla les llamara. Eso era lo que tenía que esperar ahora. En cuanto pasase todo volvería a empezar, pero lo que pasó te lo cuento en el siguiente post. 😉

Aprendizaje de esta segunda FIV: nunca digas “nunca”.

Si no leíste el anterior te dejo el enlace: http://mamáalos40.com/segundo-ciclo-fiv-estimulacion-y-puncion/

 

 

Segundo ciclo de FIV. Estimulación y punción.

Segundo ciclo de FIV. Estimulación y punción.

Segundo ciclo fecundación in vitro (FIV). Estimulación y punción. En el post anterior (http://mamáalos40.com/primer-ciclo-fiv-transferencia-y-betaespera/) te conté que mi primer ciclo no tuvo éxito y que me quedé sin trabajo el mismo día. También cómo me levanté al día siguiente pensando en mi siguiente paso. Tenía una entrevista en una empresa importante y me dediqué a prepararla para hacerlo lo mejor posible. Mi intención era que me conocieran y me tuvieran en cuenta en el futuro. Que me seleccionaran no era lo más importante, ya que estaba decidida a tomarme un tiempo para mi, para cuidarme y hacer posible mi sueño de ser madre. Sin embargo, esta situación me generó ansiedad porque a pesar de que no era mi objetivo a corto plazo quería hacer la entrevista bien y no defraudar a mi misma lo primero, a mi antigua compañera y por supuesto a la empresa que me daba la oportunidad.

A los tres días de dejar la progesterona, justo el día de mi cumpleaños, me bajó el período. Avisé en la clínica y me citaron para el día siguiente. Volvía a sentir la emoción que te provoca empezar algo nuevo. El ginecólogo me explicó que en esta ocasión íbamos a reducir la dosis de hormonas un poco, porque a veces sobre-estimular los ovarios no es bueno. La medicación era la misma. Así que ya sólo teníamos que volver a empezar.

El objetivo de este ciclo no era producir muchos óvulos, sino que los que consiguiéramos fueran fecundables y de buena calidad.

Hormonas para FIV

Mamáalos40.com: Hormonas para FIV

El día 29 de octubre día de mi cumpleaños me bajó la regla, así que el 31, 1 y 2 comencé a inyectarme 200U de gonal-f a las 23:00 como en el ciclo anterior. El viernes 3 de noviembre tuve la ecografía de seguimiento. Como todo iba bien, se veían dos óvulos en el ovario izquierdo y tres en el derecho, seguí administrando la misma dosis durante el fin de semana y el domingo además tenía que añadirle un orgalutrán. En la eco del lunes 6 de noviembre se apreciaban los óvulos del ovario izquierdo bastante maduros en comparación con los del derecho, por lo que no podíamos arriesgarnos a perderlos esperando a que los del otro ovario siguieran creciendo. Esa misma noche a las 21:00 tenía que ponerme un ovitrelle y un ibuprofeno (para contrarrestar la inflamación), el martes 7 descansaba de medicación pero tenía que seguir con el ibuprofeno cada ocho horas y la punción se programó para el miércoles 8 de noviembre.

Como veis en este ciclo todo fue muy rápido. En a penas diez días había comenzado el tratamiento y ya me iban a extraer los pequeños.

Al igual que en la FIV anterior ese día no podía evitar sentir nervios, pero era más consciente de que no era seguro que saliese bien. El ingreso lo hicimos a las 8:00 h y la punción comenzó a las 8:30 h. El ritual fue el mismo y las personas que me acompañaron también (embrióloga, anestesista y ginecólogo). Lo que mejor recuerdo de esa mañana es el frío que pasé. En Málaga en esa fecha aún estamos sintiendo el calorcito, pero ese día parecía que el tiempo cambiaba o era yo que me encontraba más débil.

Comenzó la intervención y tampoco recuerdo nada, salvo que me despertaron otra vez en la sala de recuperación. Esta vez la sala estaba repleta de personas, empleados del hospital y pacientes que se iban sucediendo a mi alrededor en camillas que cada cierto tiempo entraban y salían. También iban pasando los médicos que esa mañana habían atendido a las personas que se encontraban conmigo en aquella sala. Podía observar como también ellos habían depositado sus esperanzas para que aquellos enfermos se recuperasen y el cariño que les dedicaban.

A diferencia de la punción anterior, mi médico aún no había venido para informarme ni tenía noticias de si mi chico había hecho ya su parte del proceso, así que volví a quedarme dormida. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero esta vez me desperté sola escuchando a la gente a mi alrededor. Seguí esperando y nada. Antes de la punción ya me habían contado que estaban muy liados, por lo que era normal que tardasen más en avisarme. Me dieron un zumo para ver como respondía con la anestesia y volví a cerrar los ojos. Me sentía cansada y me abandoné al sueño.

De repente escuché que una chica decía “son casi las 12:00 h”. Entonces ya comencé a preocuparme y pregunté a una de las enfermeras que había en la sala por qué ese día estaban tardando tanto en darme el alta. Ella descolgó el teléfono y creo que llamó a reproducción para decirles que yo ya estaba recuperada y que estaba deseando que me enviaran a casa. Dicho y hecho, al poco tiempo se acercó mi ginecólogo, con el traje de quirófano (ya os dije que tenían muchas intervenciones esa mañana) y me dijo que habían podido sacar dos ovocitos. No me dijo nada de mi pareja ni de los óvulos del ovario derecho. La verdad es que ya sabía que nuestra meta era extraer los dos más maduros, pero tenía esperanzas de que al final consiguieran algún óvulo lado derecho.

Bueno, sabiendo que la punción había salido bien y que no había reaccionado mal al zumo me dieron el alta y salí en cuanto pude a buscar a mi novio. Cuando lo vi su cara era de preocupación. Al parecer no le habían avisado para la eyaculación y tuvo que llamar y tampoco tenía noticias de cómo estaba yo. Finalmente me contó que también su parte había salido bien y nos fuimos a casa de nuevo con las mismas instrucciones que la vez anterior: ponerme la progesterona vía vaginal cada ocho horas y tomarme el ácido fólico.

Nueva espera. Mis dos pequeños tenían que fecundar para que en unos tres días me los implantasen. Ese era mi único pensamiento y me centré en él.

Os dejo un nuevo enlace acerca de la fecundación in vitro que explica todo el proceso paso a paso (para los que aún tienen dudas de en qué consiste): https://maternidad.enfemenino.com/foro/fiv-paso-a-paso-fd812520

Primer ciclo de FIV. Transferencia y betaespera.

Primer ciclo de FIV. Transferencia y betaespera.

Siguiente etapa: transferencia y betaespera. Por fin llegó el día de la transferencia. Era sábado 14 de octubre y bien temprano nos dirigimos al hospital. Desde la punción y sabiendo que habían fecundado tres embriones comenzamos un debate sobre cuántos embriones debían transferirnos. El ginecólogo y la embrióloga nos recomendaron desde el principio dos y dejar el tercero congelado por si no llegaran a implantar. Mi pareja temía un embarazo múltiple por las complicaciones que eso podría conllevar, los cambios que tendríamos que hacer en nuestras vidas (tenemos un piso pequeño y dos coches pequeños). Yo en cambio sabía que era complicado que uno llegase a implantar, por lo que si fueran dos los que finalmente llegasen al final del proceso serían bienvenidos, nos ajustaríamos un poco y listo.

Al llegar pasamos al despacho de la embrióloga. Nos explicó como habían ido evolucionando los pequeños. Nos enseñó una imagen donde se distinguían las células y su división. Nos entregó la imagen para que la guardásemos. Al parecer uno de ellos era de calidad B/C y los dos restantes D. No eran muy buenas noticias, pero nuevamente me aferré a mi optimismo. De los dos de calidad D uno presentaba mejor aspecto que el otro, por lo que nos dijo que lo mejor era transferir dos y dejar el tercero para ver si evolucionaba bien, aunque era bastante complicado. Tras un breve cambio de impresiones estaba claro que debíamos seguir sus recomendaciones, al fin y al cabo ella era la experta y nosotros unos potenciales padres asustados. La de abajo es la foto que nos entregaron y que espero que la recordéis porque más adelante comprobaréis cómo hubo un cambio en mí en todo este proceso. En la imagen de arriba se aprecia que no eran de muy buena calidad.

Repetimos el mismo proceso de la punción. Traslado a vestuario, cambio de ropa por la bata desechable y traslado con el celador al lugar de la transferencia, que no es más que un pequeño espacio habilitado junto al laboratorio donde se conservan los embriones.

Al llegar me esperaba el ginecólogo y la embrióloga. El médico antes de nada me recibió con una sonrisa, aunque en su cara se veía que esperaba algo más después de todo lo que habíamos luchado en este ciclo. Aún así siempre me habló de manera optimista y con cariño. Me revisó el endometrio para comprobar que todo estaba bien después de la intervención de dos días antes. Me explicó donde se situaba mi útero y donde depositarían los embriones. Dicho esto la embrióloga trajo una cánula en la que transportaba mis dos cigotos. No estaba muy nerviosa por había leído que esta fase no tiene ninguna complicación y es parecido a cuando nuestro ginecólogo habitual nos extrae tejido para la citología. Poco a poco, con mucho cuidado, fue introduciendo el tubo en la vagina hasta llegar al endometrio y suavemente dejó los embriones en el lugar que me había enseñado. ¡Ya está! Veía dos pequeños puntitos blancos en la pantalla. Antes de salir imprimió la imagen de los embriones en mi interior. ¡Qué emoción! Ya estaban dentro, no podía sentirlos pero sabía que estaban ahí. Además me explicó que estuviese tranquila, habíamos hecho ambos todo lo que estaba en nuestra mano y ahora sólo quedaba esperar. Me entregó la impresión de la ecografía, el volante para el análisis de sangre beta (el que determina si estás o no embarazada) y una prueba de embarazo de orina para usar en casa dos semanas después. Pasábamos a la fase de betaespera.

(Hay que echarle un poco de imaginación, pero ahí tenéis los embriones implantados.)

No lo negaré, pese a mi infinita paciencia desarrollada durante este año y medio, la serenidad que me caracteriza y mi positividad, quería saberlo ya. ¿Estaba o no? ¿Habían implantado o no? ¿Por qué no es posible saberlo al momento? La ciencia ha avanzado mucho en los últimos cuarenta años, pero esto es algo que se escapa a la razón y hay que dejar que la naturaleza siga su curso.

Mis dos peques no tenían muy buena calidad, pero eso no quería decir nada. Había leído testimonios de mujeres que habían conseguido embarazarse con embriones de la misma calidad. ¿Por qué no iba a ser yo una de ellas?

La betaespera es una prueba más de resistencia, de superación y de conocimiento. Es dura, esa es la verdad, quizás la parte más difícil de un ciclo de fecundación in vitro. Son aproximadamente dos semanas en las que tienes que cuidarte, aunque puedes seguir tu vida normal, y en la que no puedes dejar de darle vuelta a si se habrán implantado o no. Para no pensar me volqué en mi trabajo, en mis aficiones (andar, leer, ver a mis amigas), cualquier cosa que me permitiera evadirme.

En el trabajo no me sentía muy bien porque aunque trabajaba en una oficina, una parte de nuestras tareas eran bastante físicas y no me atrevía a hacerlas por el miedo a que un mal movimiento o un sobreesfuerzo provocase el fracaso del tratamiento.

Pasaron los días y finalmente llegó el momento de saber si iba a ser mamá. El 26 de octubre me levanté temprano, ese día trabajaba, y me hice el test de embarazo usando la primera orina de la mañana. En nada salió negativo. No me desilusioné. Ya me habían explicado que podía ser un falso negativo y que lo que realmente despejaría las dudas sería el análisis beta.

Me arreglé y fui al hospital para hacerme la prueba a las 8:00 y luego irme a trabajar. Aún quedaba otra espera. Los resultados los tendrían a lo largo de la mañana, por lo que ese día en el trabajo fue atípico. Soy una persona que me concentró con facilidad, pero ese día me resultó complicado.

A media mañana recibí la llamada. No eran buenas noticias. Se confirmaba el negativo y las instrucciones eran dejar la progesterona y esperar a que bajase la regla para estudiar cuáles serían los siguientes pasos.

Intenté hacerme la dura, seguir con mi trabajo sin que me afectase, pero por dentro estaba derrotada. Por si fuera poco, esa misma tarde, al terminar la jornada laboral, mis jefes, aquellos a los que muchas veces consideré como mis padres profesionales, me comunicaron que “mi ciclo en la empresa había terminado”. Sí, el mismo día despido y no estaba embarazada. No me lo esperaba.

Ese día llegué a casa destrozada, sin parar de llorar, pero sin dejar de estudiar opciones.

A la mañana siguiente me levanté mucho más optimista. Siempre he pensado que las cosas pasan por algo y que cualquier contratiempo es una oportunidad para aprender algo. En mi caso el aprendizaje era reordenar las cosas importantes en mi vida. Llevaba tres años y medio dedicada en cuerpo y alma a mi trabajo, con horarios de sueño, trabajo y comidas bastante descompensados. A penas dormía cinco horas, un día podía comer a las 15:00 y otras a las 18:00h e incluso a las 19:00. No había que buscar culpables, por lo general suelo anteponer las necesidades de los demás a las mías y esta era una vez más. Así que algo me decía que en esta ocasión todo se había alineado para que antepusiera mis intereses a los de los demás.

Nunca he estado más de seis meses parada. Siempre que terminaba en un trabajo en seguida estaba buscando otro o algún curso para reciclarme. Esta vez no ha sido diferente. Lo primero que hice fue apuntarme a un curso y una antigua compañera me recomendó para un proceso de selección en su empresa. No tenía nada que ver con lo que había hecho últimamente, pero ya os he contado que tengo facilidad para cambiar. Para ese puesto era necesario tener bastantes conocimientos de inglés, por lo que mi siguiente paso fue buscar una academia donde refrescar los conocimientos que ya tenía.

El domingo 29 de octubre cumplí los 39.

Mi consejo para ti que me lees: no te rindas, aunque las cosas parezcan difíciles siempre hay una salida. Escúchate, sólo tú sabes cuál será el siguiente paso. Y si te equivocas, no pasa nada, volverán a surgir oportunidades. Y con la reproducción ten presente siempre que además de ti siempre está la naturaleza que a veces es incontrolable, por lo que tendrás que aprender que no pasa nada. Si al final no puedes ser madre o padre, no te abandones, tienes muchas cosas por hacer y seguro que en muchas de ellas encontrarás la ilusión.

Aprovecho para dejarte el enlace al post anterior por si te lo perdiste: http://mamáalos40.com/primer-ciclo-fiv-puncion-y-fecundacion/ .

Y si tenéis alguna duda sobre la transferencia podéis ver este vídeo https://youtu.be/uNqX-_-o2GE y si es acerca de la betaespera os paso el enlace de reproducciónasistida.org (¡qué me gusta esta web!): https://www.reproduccionasistida.org/que-es-la-beta-espera/

Primer ciclo de FIV. Punción y fecundación.

Primer ciclo de FIV. Punción y fecundación.

Photo by Faith @101 on Foter.com / CC BY-SA

Primer ciclo de fecundación (FIV). Anteriormente os conté cómo fue mi fase de estimulación, y que después de un imprevisto hormonal que hizo que el proceso se alargara y durara casi un mes, seguimos adelante con el tratamiento de fecundación. Finalizamos esa primera fase con la inyección de ovitrelle, como me recomendaron, el día 10 de octubre. De esta forma pasamos a la segunda fase del tratamiento: punción y posterior fecundación.

La punción se programó para el día 12 de octubre. La punción es la extracción de los óvulos maduros. Normalmente es una intervención quirúrgica sencilla que dura aproximadamente unos 15 minutos y sólo requiere sedación y a la que hay que acudir en ayunas. En mi caso, debido a que el ovario derecho se encontraba en una posición extraña, un poco escondido tras el endometrio, tuvieron que ponerme anestesia general porque podría darse el caso que tuvieran que atravesar algo de carne o que tuvieran que hacer movimientos para que el ovario saliera de su escondite.

Esos dos días previos estuve bastante tranquila, aunque no podía evitar darle vueltas a qué tal saldría todo. Nos citaron el 12 a las 8:00h en admisiones para ver si nos asignaban una habitación en la que esperar a que el celador me fuera a recoger, pero no había disponibles, así que directamente fuimos a la sala de espera. A las 8:30 aproximadamente me nombraron y me dieron la bata de un solo uso, los patucos y el gorro para que me cambiara en una especie de vestuario. En ese momento estaba nerviosa e ilusionada, pero seguía pensando que todo saldría bien y que sólo sería necesario un ciclo de FIV.

Al poco tiempo el celador me recogió y me llevó al quirófano donde me estaban esperando la embrióloga, el anestesista y mi ginecólogo. Una vez me acomodé en la camilla y me coloqué en la posición adecuada para que me realizarán la intervención, el anestesista comenzó con unas preguntas de rigor para conocer si me había sometido a otras operaciones, si me habían puesto anestesia en otras ocasiones y si tenía algún tipo de alergia conocida. A las tres contesté que no. Seguía nerviosa. Quería que pasase ya y que me dijeran que había sido un éxito. El anestesista siguió colocándome la vía en el brazo y hablándome para tranquilizarme. He de decir que no recuerdo nada de la conversación porque en seguida me quedé dormida.

No sé cuanto tiempo pasó, lo siguiente que recuerdo era que alguien me intentaba despertar en la sala de recuperación: “Ángela, Ángela”. Poco a poco fui volviendo a la consciencia. Como el 12 de octubre era festivo la sala estaba bastante tranquila, sólo estábamos una pareja y su bebé recién nacido y yo. Recuerdo que al verlos me imaginaba cómo sería nuestro momento llegado el caso de que todo fuera bien y llegara ese primer día con nuestro hijo en brazos. Nunca olvidaré esa escena y la ternura que me transmitían y cómo su inexperiencia me resultaba simpática ya que no podía evitar empatizar con ellos. Estaba segura de que mis miedos serían los mismos y de que tendría que enfrentarme a retos cada día pero ¡qué bonito sería! 😍

En la siguiente hora tras la punción, la embrióloga se puso en contacto con mi novio para que hiciera su parte, la donación de semen. Hasta ahora él no había tenido que hacer nada, tan sólo acompañarme en el tratamiento. Este momento era importante, porque a veces los nervios les juegan una mala pasada a los hombres y sufren un bloqueo que les impide la eyaculación y por tanto habría que congelar los óvulos extraídos en quirófano.

De repente apareció mi ginecólogo. Su cara lo decía todo. No es una persona muy expresiva, pero yo puedo leer en sus ojos cuando las cosas van bien o no, aunque si no él lo diría a su manera. No obstante, al verle la cara entendí que había ido bien. Me dijo que todo había salido genial y que habían conseguido extraer tres ovocitos fecundables maduros. ¡Sí! Habían conseguido uno más de lo que esperábamos. Además mi chico había sido capaz de hacer su parte sin problema ninguno. Dicho esto se marchó y yo seguí en aquella sala que a pesar de ser fría y tan aséptica como un quirófano, me resultó más acogedora ahora que sabía que tenía tres oportunidades para ser madre.

Poco a poco me fui despertando del todo y cuando ya estaba casi recuperada una enfermera me acompañó al servicio para ver si podía orinar para ir expulsando la anestesia. Como pude hacer sin problema, me llevaron al vestuario a cambiarme. Cuando me puse mi ropa de nuevo salí corriendo a buscar a mi novio para contarle lo bien que había salido todo. Cuando llegué me recibió con un beso y me contó que ya sabía que todo había ido muy bien, así que nos fuimos a casa.

Tras una punción la recomendación es descansar en casa, sin realizar esfuerzos ni actividades que requieran concentración durante ese día. Como era un día festivo hice todo lo que me dijeron. Además el viernes 13 de octubre tenía que empezar con la progesterona y el ácido fólico para que el endometrio se fuera preparando para recibir a los cigotos y para el posible embarazo.

Al día siguiente la embrióloga llamó para comunicarnos que los tres óvulos habían fecundado, pero que eran de calidad media/baja. Hasta ahora ni siquiera sabía que hubiera una clasificación de los embriones según la calidad. Por ello, en seguida consulté en la web que os comenté, https://www.reproduccionasistida.org/el-proceso-de-la-fecundacion-in-vitro/#comprobar%20fecundacion. Hay varias formas de categorizar los embriones y una de ellas es según su morfología, cómo se va dividiendo la célula resultante de la fecundación del óvulo y un espermatozoide. En el laboratorio observan cómo va evolucionando el embrión el segundo y tercer día teniendo en cuenta una serie de características:

  • Número de células o blastómeras y ritmo de división.
  • Porcentaje y tipo de fragmentación celular.
  • Simetría: tamaño de los blastómeros en función del estadio.
  • Visualización de núcleos y multinucleación (más de un núcleo por célula).
  • Presencia de halo citoplasmático o vacuolas en el citoplasma.
  • Zona pelúcida (ZP).
  • Grado de compactación.

En función de esto le asignan una categoría, siendo A los de mejor calidad y D los de peor.

El 14 de octubre volvimos al hospital para la transferencia, pero eso os lo cuento en el siguiente post.

Os dejo un enlace de una web que he encontrado y que os puede ayudar para aprender a gestionar vuestras emociones tanto si estáis ya inmersos en un tratamiento de reproducción como si estáis pensando en ello. En este en enlace en concreto hablan de la punción: https://www.sheoak-barcelona.com/es/guia-practica-reproduccion-asistida-etapa-4/

Espero que mi experiencia te ayude al menos para entender que cada caso es diferente pero que las emociones que vamos sintiendo son muy parecidas. Si quieres contarme cómo ha sido tu tratamiento no dudes en escribirme.