Tercer ciclo de fecundación. Mamá a los 40

El 10 de noviembre dejé de administrarme Progeffik. Por fin la regla apareció el 19 de noviembre. Era domingo por lo que decidí enviar un email para avisar a la clínica. No quería esperar al lunes para comunicarme. La paciencia que siempre había tenido se empezaba a esfumar. El lunes me llamaron para darme cita para el día 22, miércoles. Ese día comenzó mi tercer ciclo de fecundación (FIV) y con él mi último intento de quedarme embarazada con mis propios óvulos.

Como desde que hablé con el ginecólogo el día de la mala noticia no había vuelto a verlo, no había podido contarle cuáles eran mis intenciones, así que iba preparada para negociar con él. Para mi sorpresa ese día no estaba él, pero sí una de las especialistas de su equipo que me había atendido en otras ocasiones. Tras preguntarme cómo me encontraba me pasó a la camilla para realizarme la ecografía vaginal de rigor para ver en que estado estaba mi útero y si tenía algún folículo. Tras ver que estaba bien y como anteriormente no tenía muchos óvulos, pero alguno había, me volvió a recetar los medicamentos. Sí, ni siquiera hablamos de la ovodonación. Me quedé sorprendida y ni saqué el tema. Yo quería intentarlo de nuevo y seguiría sus instrucciones.

Hasta ahora me había puesto inyecciones de Gonal-f o Menopur, o la mezcla de ambos, pero en esta ocasión tuve que comprar una pluma de Elonva. Aunque se utiliza igual que los anteriores para la estimulación ovárica, la diferencia es que sólo es necesaria la administración de una única inyección y hace efecto de forma gradual durante siete días. No lo había escuchado nunca, pero eso de que sólo fuera una jeringa me encantó. Ya había perdido la cuenta del número de pinchazos que llevaba y cada vez me dolía más la zona donde me los ponía. A pesar de que intentaba ir alternando los lugares, ya era como si interiormente tuviera un cardenal. Es cierto que las hormonas no me trastocaron mucho emocionalmente, pero lo de las inyecciones lo llevaba regular, así que agradecí este nuevo medicamento. La hora la de siempre, las 23:00h.

Me asignaron una nueva cita para el día 27 de noviembre a las 14:30. Ese día sí estaba el jefe de Reproducción. Él tampoco me mencionó la ovodonación. Me dio la bienvenida, me preguntó si había tenido problemas para administrarme Elonva y me pasó a la camilla para ver cómo iba todo. Al parecer iba muy bien. No porque hubiera muchos óvulos, sino porque el crecimiento de ellos era paralelo, estaban madurando y además tenían el tamaño esperado ese día. Esta vez no hubo sorpresas. Todo iba rodado. Al final la ecografía fui yo la que saqué el tema. Le dije: “he empezado a valorar la ovodonación”. En ese momento él me contestó que “cuando empezamos un ciclo no hablamos de otras cosas.” Me impactó la respuesta. Pensé que querría saber mi punto de vista. Sin embargo, me pareció una buena señal. Algo habría visto bien que ya no se lo planteaba. O eso era lo que mi mente quería pensar (ya volvió la positiva que hay en mí).

Al día siguiente tenía que ponerme una inyección de Orgalutrán y acudir el miércoles 29 a las 10:30 para una nueva eco. Ese día todo volvió a salir bien, por lo que me recomendó ponerme otro Orgalutrán el 29 y el jueves 30 dos polvos de 75 más un líquido de menopur y otro Orgalutrán. Nueva ecografía para el viernes 1 de diciembre. Como hasta ahora, todo seguía como se esperaba.

El día 1 tocaba Menopur y un nuevo Orgalutrán. De este último tenía un par de ellos en casa del anterior ciclo, por lo que sólo compré uno. No sé por qué yo había contado con que tenía uno más, sin embargo a las 23:00, hora en la que siempre me ponía las inyecciones me di cuenta de que me faltaba ese medicamento. No os puedo explicar lo nerviosa que me puse. No podía ser que precisamente en ese ciclo que parecía que todo iba a salir bien, acabara mal por un error mío. Llamé a mi novio que estaba trabajando por si él podía buscar una farmacia de guardia, pero él estaba trabajando y no podía dejar su negocio sólo. No lo pensé. Colgué y salí corriendo a la farmacia de 24 horas más cercana. Es grande y siempre suelen tener de todo. Llegué a las 23:10 (me tele-transporté) pero no lo tenían. ¡¡¡Piensa!!! Se encendió la luz. Había otra frente al ambulatorio. Cruzando los dedos conduje y cuando pregunté por el Orgalutrán me dijeron que no tenían el embalaje individual, que me podían vender el de cinco inyecciones. En ese momento me daba igual que fuera mucho más caro, lo necesitaba y lo compré. A las 23:30 estaba en casa preparándome para ponerme la dosis. ¡Listo! Sentí alivio, pero no sabía si esa media hora de diferencia podía influir de forma negativa en el tratamiento.

No es habitual, pero me citaron para una nueva eco el sábado 2 a las 11:15. Una de las ginecólogas del equipo estaba en quirófano y me atendería en uno de los descansos para ver qué tal iba todo. Después del sobresalto de la noche anterior iba con miedo. Miedo a que me dijera que algo había paralizado el crecimiento. Pero no fue así. Todo iba bien. Respiré.

Esa noche tenía que administrarme un Ovitrelle entero a las 21:00 y el domingo nada. Estaba hecho. El lunes 4 de diciembre se programó la punción para las 8:30. Para ello, debía estar en ayuno desde las 00:00 de la noche anterior.

La intervención fue como las otras dos veces, con la diferencia de que en esta ocasión sí me asignaron una habitación donde mi pareja podía permanecer mientras que a mí me aspiraban los óvulos. ¿Sería una buena señal? No sé, yo ya quería ver indicios en cualquier cosa. Me cambié la ropa y me puse el camisón hospitalario, me recogió el celador y me llevó a quirófano. Igual que en otras ocasiones allí estaban ginecólogo, anestesista y embrióloga. Esta vez avisé de que la vez anterior había pasado mucho frío y me taparon con una manta. No recuerdo más. Me desperté en la sala de recuperación como siempre mientras que pronunciaban mi nombre: “Ángela, Ángela”.

En esta ocasión, la sala también estaba llena, pero esta vez me subieron a planta para terminar la recuperación en la habitación junto a mi novio. Él me dijo que había salido todo como esperábamos, que habían extraído tres óvulos, así que me tranquilicé, era uno más que en el segundo ciclo. La parte más difícil comenzaba cuando nos fuéramos a casa. La espera de la llamada de la embrióloga para contarnos cómo habían fecundado mis óvulos y sus espermatozoides y de qué calidad eran los embriones resultantes.

¿Qué pasó? No te pierdas el siguiente capítulo de mi aventura.

 

 

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